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Entrevista al reelecto Presidente de la FELAP
Juan Carlos Camaño llama a “pasar a la ofensiva”
Florencia Arvia
Información Social Alternativa
felap.info
Buenos Aires, sábado 27 de octubre de 2007
Luego de ser reelecto por unanimidad, como presidente de la Federación
Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Juan Carlos Camaño charló con
ISA acerca de los distintos problemas y desafíos que se presentan en la
actualidad.
–En este décimo congreso de la FELAP se habló, en términos generales,
sobre la necesidad de privilegiar una ética social sobre una ética
profesional. ¿Esto cómo se aplica?
–¿Cómo
se aplica? En primer lugar cuando decimos ese tipo de cosas, es que
queremos ir haciendo conciencia alrededor de este tipo de cosas. Es
decir, no es una cuestión que mecánicamente uno dice: “¡Ah bueno!,
entonces si hablamos de ética social, inmediatamente la trasladamos a
una práctica profesional y está resuelto el problema”. No, primero hay
que ver qué tipo de seres humanos somos, en virtud de qué proyecto de
sociedad tenemos; qué entendemos de los acontecimientos políticos,
sociales y económicos; de qué lado estamos parados respecto de todo esto
en función de los intereses que tienen los pequeños sectores, digo
pequeños en cuanto a cantidad, pero enormes en cuanto al volumen de su
poder en el terreno financiero, económico o armamentístico–tecnológico,
y el resto de la sociedad, o sea los más. Los miles de millones, las
tres cuartas partes de la humanidad padece hambre, desocupación;
problemas de todo tipo: de carácter social, político, exclusiones,
discriminación, persecuciones, en fin… Variedad de padecimientos.
Entonces, ¿cómo se puede ejercer el periodismo desconociendo esa
realidad? Es muy difícil. Y lo que se ha impuesto a lo largo de la
historia sobre la base de los conceptos del sentido común del sistema
dominante, es en el campo del periodismo y en el campo de la
comunicación, un código de ética que está dictado precisamente por los
dueños del dinero; no por las concepciones de aquellos que están
afectados por los dueños del dinero; hay que revertir eso, hay que
cambiar la relación de fuerza en ese sentido.
Ahora, por supuesto que
insisto, no es un hecho mecánico, ni automático, ni que se pueda hacer
con una facilidad pasmosa. Porque el trabajador de prensa en definitiva
es un asalariado, y si acomete con una serie de defensas de los
intereses de los más, en los que él está incluido, puede hasta inclusive
perder su trabajo. Ahora, si uno no hace ningún proceso, o no intenta un
proceso de cambio en esa dirección, vamos a terminar todos convencidos,
y las futuras generaciones, de que la ética profesional de un periodista
es decir la verdad que no afecta los intereses de los dueños del dinero.
Entonces esa ética nosotros no la compartimos.
Por lo tanto hay que tener una ética social de responsabilidad: en el
problema social, y en donde se para uno en la vida; hay que reconocerse
como un afectado del sistema que domina. Porque en definitiva, nosotros,
todos: estudiantes o trabajadores o campesinos, los más, la mayoría, la
gran mayoría, son víctimas de un proceso de dominación que está
planificado en el campo económico, en el campo armamentístico, en el
campo tecnológico, en el campo político, en el campo social. A
eso me refiero.
–¿Cómo plantarse frente a esos periodistas que, aún siendo víctimas de
esa minoría, han incorporado el sentido común que desde allí se diseña?
–Eso
se hace con una política que no es lineal, que tiene muchas
complejidades, que lo primero que tiene que hacer es reconocer el campo
de acción en el que tiene que actuar, cual es la composición, en el caso
de un gremio de prensa, cuál es la composición
inclusive de clases y de intereses de ese gremio. Es decir ante
los desniveles de carácter salarial y ante las concepciones que ya
tienen instaladas, como te decía recién, que están instaladas por los
sectores de dominio.
Es decir que los periodistas no son en su mayoría ajenos a estar
afectados por concepciones ideológicas que los dominen. Muchas veces se
da ese juego, tan conocido y declarado, donde las víctimas tienen las
conductas del victimario. Y en este campo también, y además donde es un
sector donde hay una determinada cantidad de veleidades, de
individualismo, de necesidades de estrellato, de ser figuritas de una
página de opinión, aparecer a través de las pantallas de televisión.
Yo digo: si todo fuera imposible y todo ese campo estuviera minado e
intransitable, no valdría la pena hacer nada. Pero, por lo menos lo que
refiere a la FELAP, en treinta años algo se ha hecho. No se pudo cambiar
la correlación de fuerzas pero algo se hace. Y además no depende solo de
una organización, ni de dos ni de diez. Inclusive, cambiar las
relaciones de fuerza con los sectores dominantes no se resuelve en un
solo país. Es un proceso. Un proceso que, por ejemplo, ahora en América
latina se está viviendo (yendo un poco de lo particular a lo general).
Se están viviendo cambios importantes que inclusive tienen liderazgos en
gobiernos que antes estaban dependientes de esos factores de poder
dominantes. Ante este contexto de cambio lo que hay que hacer es
intensificar un proceso de ofensiva y salir desde algunos rincones de
resistencia. Entender, caracterizar la etapa de manera tal que permita a
uno saber en qué etapa estamos de la realidad económica, política y
social. No solo de la región, sino del mundo. Veníamos en línea a un
mundo unipolar hace apenas unos años. Ese mundo unipolar está sufriendo
algunas alteraciones, no digo que estemos ya en un mundo multipolar,
pero es cierto que EE.UU. ingresó en Iraq, creyó que era una cuestión de
semanas, resolvía el problema, se llevaba el petróleo, y seguía haciendo
expropiaciones; o apropiaciones criminales como lo había hecho a lo
largo de toda su historia. Bueno, todavía está dentro de Iraq no sabe si
tiene que salir o si tiene que quedarse. Pero mientras tanto Rusia
entiende que el avance sobre el Asia central debe ser impedido de alguna
manera, al margen de que compartamos o no toda la política que pueda
tener en la cabeza Putin o el Kremlin. Y China sabe que el futuro está
más a favor suyo que de una potencia en decadencia como EE.UU.
–Esta necesidad de dar un paso ofensivo, ¿se relaciona más con la
existencia de condiciones reales que hoy favorecen a las mayorías ante
la disputa de terreno, o con una estrategia de defensa frente a un
imperio, que estaría por retomar sus acciones militares contra América
latina?
–No,
yo creo que es una
combinación. No hay una estrategia que contemple apenas un plano. Puede
ser cierto pero no siempre la historia hace los mismos movimientos. Me
parece que cuando EE.UU. sale de Vietnam, a pesar de la derrota, todavía
es una fuerza imperialista de temer. Hoy
EE.UU. tiene una crisis de carácter financiero, económica, y
problemas a partir de la guerra, que es lo único que le ha quedado de
instrumento para socializar a sangre y fuego al resto del mundo; tiene
un dilema tremendo. Nosotros podemos decir: ¿ese dilema cuánto dura? No
tenemos una bola para hacer futurología, pero lo cierto es que hay un
dilema del imperio, o del imperialismo, que no tenía presentado hace
unos años. Su dinámica es solamente una dinámica de guerra, y su proceso
de socialización ha fracasado; el capitalismo, en lo que tiene que ver
con los procesos de socialización es un verdadero fracaso. Ahora le
queda solamente avanzar desde el punto de vista armamentístico y
apropiarse de los recursos del resto de la humanidad. Y eso es muy
difícil que lo puedan cambiar si vienen cambios, inclusive en la
política demócrata o republicana, porque estamos hablando de factores de
poder que están por encima de esos dos sectores políticos de la sociedad
norteamericana.
–Es cierto que en estos años hubo una gran pérdida de legitimidad por
parte del sistema político y
las intervenciones armamentísticas de EE.UU. Sin embargo, la
concentración de los medios de comunicación, que a diferencia de esas
esferas, va en ascenso, parece instalar un sentido común que permanece
inmutable ante esa dinámica belicista que mencionabas…
–Eso
es relativo. Yo creo que ha habido en el mundo muchísimas movilizaciones
en contra de la guerra que no han sido escuchadas; ese es otro tema. No
comparto la idea de que EE.UU., desde el punto de vista armamentístico,
esté en decadencia; está en su apogeo, necesita la guerra como el pan de
todos los días. Necesita la guerra para la sobrevivencia interna de su
pueblo. Es decir, donde a EE.UU. le desaparezca el factor de la guerra
desaparece EE.UU. Es lo que alimenta a la sociedad norteamericana, no
desde el punto de vista del discurso o de la agitación, desde el punto
de vista inclusive de su economía.
Lo que yo sí creo es que su dominio mediático tiene que ir sufriendo
alteraciones en la misma medida en que nosotros juguemos un papel. Es
decir, nadie se cae solo. Vos ponés al campeón del mundo de todos los
pesos arriba del ring, y le ponés un equivalente, y puede perder. Ahora,
si le ponés algo que no es equivalente… vos no vas a estar esperando a
que se resbale.
A mí me parece que no hay que esperar resultados inmediatos de cada una
de las acciones que hace el campo popular en su conjunto. Si no hubiera
habido resistencia en los últimos quince años, este modelo andaría lo
más campante por la tierra. Y ha habido resistencia y este modelo no
anda así nomás por la tierra. Y si no hubiera habido resistencia no
habría gobiernos de distinto signo a los que había cuando mantenían
relaciones carnales con EE.UU.
Esto quiere decir que estos hechos uno debe mirarlos como procesos
progresivos y progresistas, en los que deben intervenir desde el lugar
en el que se esté; desde el lugar que te toque estar. Ese lugar puede
ser el periodismo dentro de las grandes empresas periodísticas, o puede
ser en un medio alternativo, donde uno construye su propia herramienta
de denuncia, de debate y de construcción de poder; porque en definitiva,
en el objetivo final de todas las cosas, todos construimos poder para
disputar poder.
–Ante este contexto, ¿qué se propone la FELAP para este nuevo período?
–En
el caso de la FELAP lo que tiene que hacer en estos cuatro años de
gestión que vienen, es darle continuidad a todos los planes que se
fueron desarrollando en los últimos cuatro años, que permitieron, como
se ve ahí por ejemplo, que un equipo de salud hiciera lo que hizo.
Porque ese equipo de salud, lo que hace es ayudar a que las dirigencias
de los colegios, las asociaciones, uniones y sindicatos de cada país,
contacte más con su base. ¿A partir de qué?: de un hecho donde le hace
una encuesta sobre la salud, le hace un chequeo de carácter preventivo…
Pero detrás de eso viene el
equipo multidisciplinarlo, que ya fue a Paraguay y va a seguir yendo a
otros países a discutir economía, política y comunicación… y atrás de
eso va a venir un equipo de carácter gremial que un día se va a sentar
con uno de los magnates de la comunicación de Latinoamérica y va a
discutir las arbitrariedades o violaciones que cometen sus empresas, que
están unidas en distintos países de América latina y el Caribe. Esto va
ocurrir en estos cuatro años que vienen. Si o si.
Pero vos decís: ¿y cómo va a
ocurrir? Va a ocurrir porque es una decisión; porque un plan de acción
que uno describe, lo lleva a la práctica o si no se tiene que ir. Es
decir, hay que ir buscando todos esos equilibrios entendiendo que hay un
momento nuevo.
Yo insisto en esto del momento nuevo porque si no estamos cometiendo un
pecado de análisis si entendemos que no hay un momento nuevo. Y en
segundo lugar insisto sobre otra cuestión: yo no comparto eso de que “habría
que empezar un día a hacer…” No, no. Algún día no porque ya hay algunas
cosas que están empezadas hace rato. El problema es estar metido en las
cosas y verlas. Estar metido en la cosa y ver aquello que se está
haciendo: cómo es, cómo fue, si fue bien, si fue mal, que le falta.
Entonces acá lo que hay que hacer es que lo que se constituye sea para
que funcione, y cuando funcione tiene que permitirse un tiempo, de dos,
tres años, eso depende, para que aparezca el resultado.
Eso es una construcción; todo lo demás es entusiasmo, voluntarismo y
cortoplacismo. Y frente a un proceso o frente a poderes tan gravitantes
en la vida de cada uno de nosotros, uno no puede ser ni ansioso, ni
infantil, ni cortoplacista.
Fundamentalmente, siempre tiene que haber una estrategia.
–La incapacidad de reconocer las
condiciones que dentro del contexto latinoamericano y dentro de la
Argentina se plantean, ¿podría ser producto de este infantilismo?
–Y...
puede haber algo de eso. Entendido que a veces se exigen o pretenden
cosas que no se pueden resolver porque no existen las construcciones de
vida para cambiar la correlación de fuerza. Entonces lo que hay que
hacer es construir sin tanta alharaca y sin estar permanentemente
tironeándonos de la manga entre nosotros mismos, reclamando nosotros
mismos lo que en una etapa, según el desarrollo que tengamos, no podemos
hacer; no porque no queremos, porque en definitiva, si fuera solo una
cuestión de deseo todo el mundo quisiera cambiar este mundo ahora, ya,
mañana. Ahí coincidimos todos. El problema es empezar a establecer
cuáles son los instrumentos, cómo se construye eso, y cuanto sumamos.
Porque el problema, yo lo digo siempre, no lo resuelven los periodistas.
Y hay periodistas con cierta veleidad profesional que se suponen que
escribiendo tres páginas van a resolver el problema de la humanidad. (ISA:
23/X/2007)

La autora, periodista argentina, labora con la Agencia Alternativa de
Noticias (ISA),
www.agenciaisa.com.ar
www.felap.info
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