FEDERACIÓN LATINOAMERICANA
DE PERIODISTAS


Puerto Rico
Periodistas y analistas son parte del problema

Wilda Rodríguez*
felap.info, San Juan
martes, 05 de febrero de 2008
 

Me han preguntado repetidamente si pienso que la Prensa es parte del problema del nivel infame del discurso político en el país. Mi respuesta es que definitivamente sí. Los medios de comunicación y los periodistas son parte del problema como lo son los comentaristas que fungen como analistas políticos en los medios de comunicación. No están todos los que están ni están todos los que son. Por un par de buenos, hay diez infernales.

El reto del periodismo del siglo XXI es la responsabilidad de otorgarle calidad a la cantera de información que recibe el público. Sin un periodismo responsable que le otorgue calidad al flujo descontrolado de información que transita por la radio, la televisión, la prensa escrita y el internet, lo que se provoca es más confusión que conocimiento. ¿A quién le importa? Ese es el problema.

Por otro lado, tenemos el canje del periodismo por entretenimiento que se impone en nuestro país. El periodismo es víctima del dichoso rating. Los medios de comunicación –las empresas– fomentan un fenómeno que quieren llamar periodismo pero dista mucho de serlo. En la competencia por tiempo y espacio con los comentaristas y con los comediantes de la noticia, el periodismo responsable sale perdiendo. Que quede claro que no me molestan los comentaristas ni los comediantes de la noticia. Lo que me fastidia es lo borroso de la línea que los separa del periodismo. También me molesta la línea finísima que existe entre analistas y comediantes.

Esa misma irresponsabilidad empresarial que confunde el periodismo con el entretenimiento y que le importa un bledo la calidad de la información que divulga, es la que inspira la mediocridad y anima los mediocres. Salarios bajos son parte también del problema. Uno tiene lo que paga. Y si lo que pagas solo da para tener mediocres, mediocres tenemus. De ahí que fungen como periodistas personas que no lo son ni lo serán nunca aunque se hallan graduado de una escuela de comunicación. Ser periodista es otra cosa.

Relegados a segundo plano quedan los elementos básicos del buen periodismo que ahora parecen ser ridículos y anticuados: la responsabilidad, la curiosidad, la imaginación, el conocimiento del idioma y la destreza para usarlo, la nobleza y los valores éticos esenciales, la sensatez, el juicio, la prudencia, la humildad para aprender algo todos los días, la sabiduría para entender, la capacidad de asombro, la madurez, la lógica, la inconformidad perpetua, la sagacidad, la honorabilidad, la integridad, el respeto propio y ajeno, la privacidad, la libertad, la dignidad, la cultura, la sensibilidad, la consideración, la valentía y todas esas cosas que formaron parte de la fórmula original del buen periodismo y que son ahora la trivia del oficio.

Lo que me lleva también a una de mis más grandes preocupaciones en el discurso de periodistas y analistas: la insistencia en atacar personalmente, ridiculizar y burlarse de las figuras públicas como seres humanos, en lugar de atacar sus ideas y planteamientos.

El otro día escuché a Carlos Díaz Olivo hacer este mismo planteamiento y lo amé. A Carlos y a mi nos preocupa que el contenido bueno o malo de las propuestas y pronunciamientos que se llevan al público ha dejado de ser importante. Lo que importa es si el proponente nos parece serio o charlatán. Es serio y con una trayectoria impecable si estamos de acuerdo con el personaje. Es charlatán, idiota, estúpido, bruto, antiobrero, embustero, pillo, ladrón, inmoral y corrupto, si no lo estamos. Es gordo, feo, mamao, homosexual o retardado. Es al ser humano al que atacamos. Sus ideas importan un pepino. Lo que importa es tener cerca un diccionario de sinónimos para epítetos aplicables. La sensibilidad y el respeto al ser humano, su dignidad y su familia importan un bledo.

Para dejarlos con otra vergüenza colectiva a cuestas, velen por donde vienen los tiros de las campañas eleccionarias otra vez. Lo importante no son los planteamientos, las ideas y los programas. Lo importante es formar una garata. Convencidos de que a la Prensa lo que le interesa es la garata, los candidatos más vulnerables forman garatas para desviar la atención de su vulnerabilidad. Ese fue el fenómeno de un Partido Nuevo Progresista convenciendo al país de que aquí todos somos corruptos… sin gradación.

Ese es el fenómeno del candidato que acusa a su oponente de ser bochinchero y busca bulla hasta que periodistas y analistas a sabiendas de que el originador de la acusación lo es– se van por la fácil de llamarle garatero a los dos para entonces pedirle editorialmente a ambos que dejen la garata a un lado y hacerle un gran servicio al país.

Ese es el fenómeno de los que llevan a sus oponentes al lodazal porque es la única plaza que conocen, y llevan a periodistas y analistas a revolcarse con ellos. Ese es también el fenómeno de los que prenden el fuego para apagarlo y proclamarse héroes, y periodistas y analistas le ponen el micrófono en la boca y le preguntan cómo lo hicieron. Ese es el fenómeno que parece que vamos a tener nuevamente como plato fuerte de las noticias todos los días, todos los días, con la bendición de periodistas y analistas. Dios nos ampare.

* La autora, Wilda Rodríguez, presidió la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO) durante dos periodos en la década de 1980.

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