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DE PERIODISTAS


Colombia

Baño de masas para Uribe
 

Jorge Gómez Barata*
felap.info, La Habana
viernes, 08 de febrero de 2008
 

Carece de sentido práctico discutir cuantas personas estuvieron en las manifestaciones convocadas contra las FARC de Colombia, excepto que también se examinen sus motivaciones reales, quiénes las convocaron y con cuálesbarata.jpg argumentos fueron seducidas. Los demagogos saben como mover a las masas. Ese es su oficio.

Se trata de una pretensión de refrescar con un baño de multitudes al uribismo mediante una vasta operación propagandística orquestadas por el gobierno, la oligarquía y la derecha colombiana, para calzar con apoyo popular consignas que demonizan a las FARC, acusan a Venezuela y calumnian al presidente Chávez.

Si bien no hay nada nuevo en el empeño, es trágico corroborar que todavía semejantes recursos funcionan. La patriotería de raíz nacionalista es  uno de los resortes políticos más primitivos, de los más manipulables y de los que comportan consecuencias más nefastas.

La historia política recoge infinidad de capítulos donde bajo la consigna de: ¡La patria está en peligro!, tanto gobiernos de derecha como demócratas, nacionalistas e incluso fascistas, han logrado confundir a la opinión pública, deformar los hechos, desatar la guerra e incluso realizar grandes matanzas.

En este orden de cosas sobresale la actitud de los partidos socialistas europeos integrantes de la Segunda Internacional que, en lugar de impedir la Primera Guerra Mundial, arrastrados por consignas de ese tipo dieron luz verde a la primera matanza de la modernidad. Más cercana fue la movilización lograda por los nazis que envenenaron al pueblo alemán, le inculcaron la idea de su superioridad y lo convirtieron en protagonista de los crímenes más horrendos y de las más bárbaras agresiones que se recuerdan.

En fecha más reciente, aprovechando las circunstancias creadas por los sucesos del 11/S, la administración Bush manipuló los sentimientos patrióticos y el miedo de los norteamericanos para concitar su apoyo para nuevas guerras y agresiones, llevándolos  a renunciar a derechos y libertades sagrados para ellos.

Por supuesto, que para organizar acciones de la naturaleza,  magnitud y sutileza como las que han comenzado a desplegar los círculos reaccionarios de Colombia y que logran confundir y arrastrar a parte del pueblo y de la opinión pública internacional, además de respaldo mediático, se necesitan pretextos y capacidad para convertir  exageraciones, mentiras y calumnias en argumentos, cosa para la que se entrenan los expertos en guerra psicológica.

Tanto la empresa como los pretextos son de factura de Estados Unidos, empeñado en una cruzada para restar base de apoyo nacional e internacional a la Revolución Bolivariana, aislarla, paralizarla y derrotarla de cualquier modo, incluido el desencadenamiento de una guerra con su vecino. Nadie debe subestimar la perversidad de los Estados Unidos.

La campaña propagandística intenta presentar los pronunciamientos, las actitudes, los proyectos integracionistas y la solidaridad de la Revolución Bolivariana como actos intervencionistas y como esfuerzos de Chávez para alcanzar una supuesta hegemonía continental.

Si bien las personas políticamente evolucionadas, los gobiernos, parlamentos y líderes políticos del continente ni siquiera toman en cuenta semejantes invenciones, existen sectores que por atraso, conveniencia o confusión creen o les conviene creer tales afirmaciones.

A todo ello se sumaron hechos asociados con las eficientes y exitosas diligencias del líder venezolano, relacionadas con los prisioneros en poder de las FARC y las actitudes del presidente colombiano que con falsos argumentos intentó descalificarlo.

Los organizadores de la operación de desinformación que ha permitido sacar a las calles a cierto número de manifestantes, han trabajado intensamente para deformar y manipular las sugerencias y propuestas del presidente venezolano de reconocer la existencia y la beligerancia de las guerrillas colombianas, retirarla de la lista de organizaciones terroristas elaborada  por Estados Unidos y crear una base jurídica apropiada, no sólo para obtener la libertad de los cautivos, sino para alcanzar la paz.

Otra de las características de la presente etapa es el silencio oficial. Con la excusa de no hablar para no responder a Chávez ni ofender a Venezuela; Uribe tampoco confronta los cuestionamientos de sectores políticos colombianos, no atiende los reclamos de los familiares y evade asuntos como el de Jorge Noguera, ex director de Inteligencia apresado por subordinar los servicios especiales del Estado colombiano al paramilitarismo.

Reconocer la existencia y la beligerancia de las FARC en Colombia es de perogrullo. Con las guerrillas hace cincuenta años negocian tanto la población como y las autoridades locales y departamentales de las zonas donde operan.

Manipular a las masas para que apoyen una nueva edición de la política de cerco y extermino a la guerrilla, fracasada desde hace décadas, no sólo es un error, sino un crimen; un camino sin retorno a la confrontación que, en cierto momento, pudiera incluir la provocación armada contra Venezuela.

* El periodista, investigador y profesor cubano Jorge Gómez Barata es autor de numerosos estudios sobre EEUU.

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