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Teodoro Rentería Arróyave*
A los 44 colegas asesinados y 7 desparecidos del
A todos, parece ser, que en el marco de la visita a nuestro país de
la comisionada de los derechos humanos de Naciones Unidas, Louise
Arbour, les quedó claro, así llanamente, que el Ejército no es
policía y esa no es su labor; por cierto la decisión
Fue de tal manera contundente la posición de la funcionaria de
nacionalidad canadiense, que el presidente Felipe Calderón Hinojosa
se comprometió a que en la medida en que avance la organización de
las instituciones civiles, la participación de las fuerzas armadas
en la lucha contra la delincuencia organizada, será cada vez más
esporádica.
De la declaración presidencial, en primer lugar se desprende, como
ya lo hemos comentado en otras entregas, que no estamos ante un
mandatario tozudo, como en el pasado, y que tiene la suficiente
flexibilidad para determinar los mejores caminos para México, en
este caso en un asunto tan sentido, como es de los derechos humanos.
Así lo esperamos, y el tiempo nos dirá si efectivamente hay un
cambio sustancial, en cuanto aquella radical posición de “la mano
dura”. Una cosa es la actitud en el poder de la firmeza y otra muy
diferente la del garrote como toda forma de acción ante los
problemas y fenómenos sociales.
Más dramático no podía haber sido el encuentro entre Calderón y
Arbour, casi a las misma hora, en una refriega con delincuentes, fue
muerto el coronel Fortino Castillo León, dos delincuentes y tres
civiles, además de que otros tres militares resultaron heridos,
cuando el Ejército realizaba un cateo en una casa de Parácuaro,
Michoacán.
Es de resaltarse la firme posición de la comisionada de Naciones
Unidas, ante los argumentos absurdos de algunos actores políticos,
por ejemplo el presidente de la Comisión de Justicia del Senado de
la República, el panista Alejandro González Alcocer, quien señaló
que “no siempre los países pueden estar cumpliendo al ciento por
ciento con los convenios internacionales”, debido a las condiciones
y características propias de cada nación, y que por ello se recurre
a las fuerzas armadas “porque no nos queda de otra”
La contestación de la funcionaria internacional fue contundente: “No
voy a juzgar la sabiduría de tener ese recurso o haber llegado a
esta ayuda del Ejército; creo que depende de todos nosotros reflejar
las consecuencias de este tipo de actividades y para hablar de forma
colectiva y fuertemente necesitamos iniciativas de seguridad bajo el
estado de derecho. Los militares tienen sus operaciones, prácticas
de protección a veces no adecuadas para ciertas áreas urbanas muy
grandes donde los civiles se comportan de manera muy errática; hay
muchas razones por las cuales yo creo que debemos tener mucho
cuidado al utilizar este recurso”.
Y remato: “Los derechos humanos no son adversarios de la seguridad”;
y agregó: “Quiero enfatizar que rechazo totalmente cualquier
sugerencia de que los derechos humanos son lo opuesto y un
adversario a la seguridad. El derecho a la vida es fundamental;
también a la libertad de la persona; la obligación primordial de un
Estado es proveer o dar seguridad y voy a ser clara, no solamente de
sus ciudadanos sino de todos aquellos que están bajo su
jurisdicción, autoridad o control”.
Lo que no tiene nombre, fue cuando en otra reunión el ministro
presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Guillermo
I. Ortiz Mayagoitia, le sostuvo que para el Poder Judicial de la
Federación los asuntos relacionados con la defensa de los derechos
humanos son “una prioridad”. ¿Es amnesia o burla? Se le olvidó al
“togado de la impunidad” el caso de la colega Lydia Cacho, que
gracias a su “atingencia”, se exoneró al represor de la informadora
el tristemente famoso “gober precioso”, Mario Marín Torres.
En conclusión, coincidimos, el Ejército no es policía, y ante todo y
sobre todo, la supremacía es asegurar los derechos humanos, sin
distinciones de ninguna índole.
EN EL ÁTICO.
Tres periodistas más han sido asesinados a balazos: en Camargo,
Tamaulipas, Francisco Ortiz Monroy, corresponsal del
Diario de México del
Distrito Federal, y en Chimalhuacán, Estado de México, Bonifacio
Cruz Santiago y su hijo Alfonso Cruz Pacheco, director y jefe de
redacción del diario El Real
de esa localidad. Con estas víctimas aumenta a 44 los periodistas
asesinados del
*
Periodista y escritor, Vicepresidente de FELAP. En
teodoro@libertas.com.mx
y
felapvicemex@hotmail.com
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