FEDERACIÓN LATINOAMERICANA
DE PERIODISTAS


Cuba
VIII Congreso de la UPEC: Nuestro periodismo y su gran desafío

Ernesto Vera*
felap.info, La Habana
jueves, 29 de mayo de 2008

La prensa independentista ha tenido fuerte presencia en los países de nuestra región.  En Cuba surge y se desarrolla al impulso de cada etapa, siempre como voz del combate libertario. Durante los años de semicolonia, a pesar de las desventajas, no se perdió su latir contra el dominio de los medios reaccionarios y proimperialistas.

En la lucha insurreccional creció con la existencia de la prensa clandestina, incluida la radio, Logotipo de la UPEC (8vo Congreso)tanto en el llano como en la montaña. En los dos años iniciales del triunfo revolucionario quedó definido el rumbo a seguir con motivo de la tensa batalla de las ideas contra la prensa del pasado, así como las acciones derivadas de los periodistas, gráficos y locutores en defensa de la Revolución, cuando aquellos medios iniciaron el proceso de difamación contrarrevolucionario, especialmente en la prensa escrita. Aquella nota al final de la desinformación y la mentira significaba la primera oportunidad de los periodistas y otros comunicadores de expresar su criterio ante  el secuestro de la libertad de prensa por el dinero, acción que no ha ocurrido posteriormente en ningún país latinoamericano. Fue así porque existía un poder revolucionario y debido a que la inmensa mayoría de los profesionales de la prensa se sentía identificada con realizar un periodismo que fuera fiel al derecho de la sociedad, del pueblo, a recibir la información veraz.

Bastaron cinco meses de ejercicio y la coletilla, inspirada en una más justa libertad de prensa, provocó el éxodo de los grandes empresarios hacia Estados Unidos, donde la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) los esperaba para declararlos campeones de la libertad de prensa y organizar campañas contra la Revolución. En realidad era la propia SIP, como representante de la CIA y el Departamento de Estado, la que dio la orden de partida, lo que no ha repetido nunca más. Hoy, especialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador el imperialismo orienta a sus afiliados a quedarse y realizar las campañas desestabilizadoras dentro de cada país, como también lo hizo antes contra Salvador Allende en Chile. Ese párrafo al final de las notas mentirosas al servicio del imperio y sus representantes demostró donde comienza el terrorismo mediático, tan amplio y prepotente en su expresión actual. Nada de compartir la libertad de prensa con sus periodistas asalariados, y, si estos desobedecen, el desempleo está garantizado cuando menos, porque también puede costar la vida.

El doble terror de dejar de ser o dejar de comer es la perspectiva de los únicos profesionales que afrontan esa disyuntiva, lo que es característico de la prensa dominante en la sociedad capitalista.

Lo esencial indica que de ese fenómeno nacen las variadas formas de negar al periodismo como profesión, así como el no reconocimiento de sus principios éticos y no se trata de si el periodista es revolucionario, sino de impedirle decir la verdad de los hechos, de analizar sus causas, de informar con el sello de la decencia profesional.

Bastarían los diez principios éticos internacionales del periodismo, aprobados en el marco de la Unesco en 1983, para comprobar su violación integral cotidianamente.

Es en esas condiciones que se desarrolla la guerra de agresión mediática, mediante acciones terroristas que acompañan con toda complicidad vergonzosa a igual política del Estado estadounidense  y de sus lacayos en cada país de nuestra región. La grandiosa función de la prensa independentista, su tradición leal a los intereses populares, la han convertido en el negocio de la mentira organizada al servicio de la estrategia imperialista. Dos concepciones diametralmente opuestas no solo en lo político e ideológico, sino también en la esfera profesional tienen lugar en esta moderna guerra universal, aunque esta tenga lugar en batallas aparentemente aisladas en continentes, regiones y  pueblos. En el caso de los agresores se niegan los valores esenciales de la profesión periodística, mientras paralelamente se abren espacios para el ejercicio pleno en el campo de los que resisten y luchan no solo por defender un ideal justo y digno, sino como rescate de los nobles principios  del periodismo, aunque el combate sea desigual en recursos y tecnología. Esta prensa, denominada hoy como alternativa ha existido y existirá siempre, porque es manifestación del espíritu de rebeldía de los pueblos ante los que los oprimen y explotan.

Ese combate en su versión actual tiene en los medios cubanos a sus aliados más firmes y experimentados en la lucha contra el terrorismo mediático y también más capaces de valorar la importancia de esos esfuerzos que, aunque dispersos, son las acciones identificadas con la verdad, con la fidelidad al periodismo que defiende a la verdadera libertad de prensa, la de los pueblos, y no la de las transnacionales y sus apéndices locales.

En más de medio siglo de la prensa revolucionaria – la clandestina y la de los años del poder revolucionario– no se ha violado el principio ético de no mentir, aunque no son pocos los aspectos insatisfactorios a superar, con el aval de ser temas conocidos y debatidos en todo momento por los propios periodistas.

Si estamos de acuerdo en que nuestro periodismo, para ser militante en defensa de la Revolución mediante el método analítico y crítico indispensable para su realización,  ello debe ser lo fundamental en la  evaluación del profesional de la prensa.  Tener conciencia de ello, saber que la intencionalidad debe buscar y encontrar los aspectos positivos a destacar y lo que es necesario señalar para contribuir a eliminar las insuficiencias y errores. Esa es la forma principal válida de ejercer la labor periodística que exige y necesita nuestra sociedad. No hay terreno más fértil que el nuestro para elevar constantemente a una profesión joven históricamente, que es cada vez peor reconocida en el mundo, sobre todo cuando se realiza el periodismo investigativo que es considerado subversivo en gran parte de los países hermanos. En varios de ellos están en la lista de los piqueteros, los sin techo y los sin tierra como los más peligrosos.

Hacia un verdadero periodismo revolucionario se han orientado los esfuerzos de la UPEC desde su fundación, con la bandera de la superación profesional en alto, debido a que en nuestras condiciones no se trata sólo de voluntad si se carece de la  capacidad.

De tal intensidad ha sido el largo tiempo transcurrido, 45 años, que se ha hecho habitual responsabilizar a la UPEC del incumplimiento, por uno u otro motivo, de la ausencia o insuficiencia de su realización en la práctica. 

En todos sus Congresos se ha repetido la historia, lo que es positivo como marco ideal para el debate, pero injusto al responsabilizar a la Organización representativa de los periodistas sobre funciones que no tiene ni ejerce. Este tema central, que lógicamente es siempre el esencial; más que conceptual es de aplicación. Por ejemplo, ¿en las evaluaciones profesionales periódicas se tiene en cuenta ese aspecto cualitativo y se determina el carácter positivo del trabajo sobre esa base? Además ¿la evaluación tiene el rigor que exige la búsqueda del periodismo que queremos? Ante los impedimentos que no estén basados en los  límites justos de defender los sagrados intereses del pueblo, ¿hay conciencia del daño que representa para la credibilidad de ese medio? Todos los documentos del Partido desde su fundación, precisan con claridad esta cuestión y alientan el ejercicio del periodismo que contribuya a la solución de los problemas de la sociedad; no se trata de salir a buscar dónde ejercer el falso concepto de la crítica orientada nada más a señalar lo negativo. Mucho menos intentar hacer el periodismo analítico y crítico sin investigar, sin conocer y reflexionar lo que se va a publicar. En ese caso es peor para la colectividad a la que se dirige, debido a que crea problemas mayores y se deteriora la función periodística del autor y del medio. De lo que se trata es que cada uno asuma su papel y responda por ello, se trate del periodista, de la dirección del medio y de la UPEC.

Si hoy podemos contar con profesionales más cultos, más preparados para el reto  mayor en la profesión periodística y no puede negarse la contribución de nuestros medios a la elevación de conciencia política e ideológica del pueblo, así como a sus altos niveles de instrucción y cultura, también podemos acercarnos más al periodismo de excelencia deseado. Los intereses del dueño, del pueblo, se defienden ayudándolo a perfeccionar nuestra sociedad socialista y también en demostrar que el nuevo periodismo, el revolucionario y antiimperialista, tiene verdaderas condiciones de desarrollo, como profesión, donde único se le considera plena.

La verdad y la justicia, sinónimos de la ética, sólo pueden ejercerse ampliamente donde el pueblo ha adquirido esos valores y necesita dialogar, intercambiar, con sus delegados en la esfera de la prensa, los periodistas y los medios. Por supuesto, además del decir y escribir con ética revolucionaria, ello exige también la elegancia en el lenguaje y el mayor dominio de la técnica profesional. En este VIII Congreso de la UPEC hay experiencia y juventud capaces de responder con altura a la expansión de los medios y del periodismo que tienen lugar en nuestro país.

En la guerra desatada por los grandes medios, conocida en la actualidad como terrorismo mediático, surge la llamada prensa alternativa, la que apoyada por los medios tecnológicos modernos, especialmente mediante Internet, está dando una batalla exitosa en contra de la desinformación y la mentira, que ha contribuido al triunfo electoral de candidatos progresistas y revolucionarios, a pesar de la oposición de las transnacionales y los medios oligárquicos, los que se mantienen con igual actitud contra esos gobiernos de varios países latinoamericanos –Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, especialmente – en función de desestabilizarlos. Hasta ahora no han podido cumplir sus propósitos y ha comenzado un movimiento contra el instrumento de la CIA, la Sociedad Interamericana de Prensa, lo que ha ocurrido en un exitoso Encuentro Internacional celebrado en Caracas en el mes de marzo de este año.

En nuestros días se está demostrando que los medios poderosos en recursos no determinan el curso de la historia, pero a ésta si le interesa no descuidarse del daño que causan en la sociedad. El periodismo es una función demasiado importante para reducirla a ser un negocio a favor de los opresores,  porque se convierten  en terror y es tan exigente en su responsabilidad social que resulta imprescindible no dejar espacios al terrorismo mediático.

La verdad se encuentra en la  búsqueda seria y comprometida y es deber difundirla hasta hacerla invencible al convertirse en arma de combate del pueblo. La verdad es tan importante que es criminal ignorarla o no darla a conocer y, para el periodista, es su ética, su razón de ser, al tener una misión que es sustancial en la sociedad y determina la dignidad y el honor de ejercerla.

* El autor, el veterano periodista Ernesto Vera, es dirigente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y Presidente de Honor de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

www.felap.info

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