México/Chile
Luis Suárez: cinco años después…
Hernán Uribe O.*
felap.info, Santiago de Chile
viernes, 30 de mayo de 2008
El 31 de mayo de 2003 nos dejó Luis Suárez López cumplidos ya unos
85 años que este selecto
hispano
mexicano dedicó desde la adolescencia al ejercicio de un periodismo
de alto vuelo practicado en México y en el plano internacional. En
su herencia profesional
se inserta una decena de valiosos libros y
asimismo el legado inmaterial de la amistad que en nuestro
caso permaneció por medio siglo.
Nos conocimos en 1953 en Bucarest, Rumania, cuando ambos en calidad
de periodistas, fuimos a cubrir el Festival Mundial de la Juventud,
una de esas fiestas inolvidables que desaparecerían con la caída del
campo socialista europeo. Fraternizamos por una circunstancia
especial: Luis colaboraba (quizás dirigía) en México una publicación
de los refugiados españoles y este servidor hacía lo mismo en Chile,
país adonde los exiliados habían arribado por obra, en parte, de
Pablo Neruda y de mi tío Abraham Ortega, entonces ministro de
Relaciones Exteriores.
Me enteré en la ocasión que Luis había sido un combatiente militar
de la Guerra Civil española en la que había llegado al grado de
capitán y que, nacido en Albaida del Aljarafe (provincia de
Sevilla), era de pura cepa andaluza como mi bisabuelo materno. La
identidad del oficio, posiciones políticas análogas y otras
circunstancias colaboraron en nuestra fluida relación. En la
dedicatoria manuscrita de su último libro “Puente sin fin” escribió:
“Para Hernán Uribe, desde una historia que para nosotros, como
nuestra fraterna amistad, solo pasa para renovarse. Un abrazo de
México a Chile, 19 de octubre 2000”. (1)
Nos vimos muchas veces en España. Lo recuerdo en la madrileña Puerta
del Sol diciéndome, Mira, aquí en este punto había una mesa de
reclutamiento, ¡que guapo era yo entonces! comentó con nostalgia y
con esa mezcla de ingenio y sinceridad que caracterizó su
existencia. En Guadalajara (La Mancha) participamos en el Seminario
Hispano-Latinoamericano que se llamó “A cinco siglos de un encuentro
histórico”. Era 1988 y se cumplían los 500 años desde el arribo de
Colón a tierras antillanas. En nuestra ponencia (“El periodismo en
la formación histórica de los pueblos latinoamericanos”) mencioné
como un error el renegar de los antepasados peninsulares y cité al
efecto a José Martí: “No es posible olvidar que si los españoles son
los que nos condenaron a muerte, españoles fueron los que nos dieron
la vida”.
Aludo a ese episodio –toda proporción guardada– pues si Luis Suárez
vivió en México desde sus veinte años, jamás rompió los vínculos con
España donde estaban sus padres y hermanos. ¡Enhorabuena! Mas, esto
de pertenecer en veces a dos naciones, puede provocar conflictos de
diversa naturaleza. En el congreso de un organismo internacional del
gremio periodístico, Luis fue propuesto para un alto cargo en
representación de México, pero he ahí que surgieron opositores que
invocaban… el lugar de nacimiento. Lo sé muy bien ya que actué como
una suerte de mediador. Argumenté acerca del internacionalismo, fui
escuchado y nuestro amigo asumió esa responsabilidad muy merecida.
En septiembre de 1973, con el golpe de Estado perpetrado en Chile
por Augusto Pinochet, discípulo de Franco en asesinatos masivos, nos
correspondió a nosotros asumir el exilio y, por supuesto, fue Luis
quien gestionó nuestro ingreso a México. Allí vivimos y trabajamos
tres lustros. Recientemente llegado, en charla con quien era, de
hecho mi anfitrión, aludí al hecho de que yo, veinteañero, había
tenido el honor de ser un secretario de Pablo Neruda. Le propuse
escribir al respecto en la revista
Siempre!, pero Luis me
dijo, “No pues, esa es mi
nota” y me entrevistó. Gran entrevistador, aquella publicación en un
conocido órgano informativo me abrió contactos y pedidos de textos
acerca del Premio Nobel. Fue una conferencia que denominé
“Neruda, único y múltiple”
que impartí en un centro cultural llamado La Casa del Lago, creo
yo, la que me abrió las puertas de la Universidad Nacional Autónoma
de México (UNAM). Es fama que acciones de esa naturaleza
favorecieron a muchos colegas latinoamericanos en esa etapa cuando
México era la capital del exilio.
El último libro de Suárez que antes mencioné, “Puente sin fin”,
tiene dos subtítulos: Testigo
activo de la historia y Memorias parciales. Este último, nos
estaría explicando por qué en un volumen de memorias, no incluye o
hay escasa referencia, a la actividad gremial que, como otras,
desempeñó con talento. Torero en
su ámbito no quiso apresurar la faena, proyectó quizás
ampliarla luego en otro escrito, pero lamentablemente antes de
hacerlo emergió la suerte de su propia muerte.
Fue dirigente de la mexicana Unión de Periodistas Democráticos,
vicepresidente de la Organización Internacional de Periodistas (OIP)
y fundador de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP),
que nace en México en 1976. En el congreso de FELAP realizado en La
Habana en 1985, fue electo Secretario General y en 1995, como por
estatutos no podía reelegirse, pasó a ser el Presidente, y lo fue
hasta su muerte. Los periodistas latinoamericanos fuimos testigos
permanentes de la eficiencia y la dedicación no igualados con que
laboró en ambos oficios.
Premios Internacional y Nacional de Periodismo a su haber, los
trabajos de Luis en ese campo son conocidos, como muy
difundidos-leídos han sido asimismo sus libros. Sin embargo, nos
parece que se ha mencionado en menor grado otra faceta de su
múltiple accionar que como fue su calidad de ensayista. En abril de
1999 con sede en Santo Domingo fue lo que se llamó una Charla
Magistral de Luis la que abrió y sirvió de base al seminario
“Periodismo y Democracia en América Latina. Globalización e
Integración Regional”. El ensayo, que escuchamos, hizo honor al
calificativo de magistral. En esa área fue también prolífico y de
notoria eficiencia.
A inicios de los noventa del pasado siglo, cuando pude regresar a
Chile, fue Luis Suárez, especialmente invitado, quien con el
discurso “Las Nuevas Generaciones y el Nuevo Periodismo” inauguró el
año académico en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Artes
y Ciencias Sociales (Santiago). Al presentarlo, apunté: “La vida y
el quehacer periodístico y literario de nuestro invitado
constituyen, por si mismas, una lección”.
(1) Suárez López, Luis; “Puente sin fin”, México, Grijalbo, 2000
(primera edición)
“Puente sin fin”, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2002
(*) El periodista y escritor chileno Hernán Uribe es Presidente de
la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP) de la
Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).