Ecuador
La guerra no declarada: los
paraperiodistas disparan a mansalva
Alberto Maldonado S.
felap.info, Quito
miércoles, 16 de julio de 2008
No hay duda. En América Latina, la “derecha pesada” ha lanzado sus
“acorazados mediáticos” (prensa, radio, televisión e Internet)
contra todo lo que suene a cambios estructurales, a “devaneos
izquierdistas” peor si esos ensayos vienen de gobiernos “populistas”
que han ganado limpiamente elecciones presidenciales y que intentan
poner fin (aunque sea a medias) a lo que el Presidente Correa ha
llamado “la larga noche neoliberal”.
Terrorismo a la ecuatoriana
La consigna mediática está siendo aplicada en Ecuador, sin
atenuantes, sin rubor y sin tiempo. Solo para dar una idea de lo que
está pasando, reflexionemos en torno a un par de casos:
A una asambleísta de gobierno, algo despistada, se le ocurrió
plantear, en declaraciones de prensa, que ha llegado el momento de
una revisión de los símbolos constantes en el escudo nacional. Fue
suficiente: los diligentes “comunicólogos” que “cubren” la Asamblea
Constituyente en Montecristi, magnificaron la proposición, la
ridiculizaron y algunos la dieron por hecho, aunque la proponente
aclaró que no ha presentado siquiera algún texto sobre la materia a
discusión de los asambleístas. Y tres meses después, la oposición
mediática sigue mencionando el asunto entre los “errores” de la
Asamblea.
El tema del aborto, que en Ecuador sigue siendo “muy sensible”
(especialmente por tenaz oposición de la Iglesia Católica), los y
las antiabortistas no se conformaron con que los asambleístas de
mayoría declaren “el derecho a la vida” como principio básico de los
y las ecuatorianas sino que encontraron que la omisión de la frase
“desde su creación” era una puerta abierta al aborto legal. Había
que leer y oír todo lo que dijeron los “puristas” contra los
“abortistas” como que en el Ecuador iba a desatarse una epidemia de
abortos si no se ponía tan filosófica frase, a pesar de que nadie
explicó quiénes, cómo, en qué momento van a certificar este inicio.
Y como si en el Ecuador, igual que en mundo entero, no se practicara
el aborto ilegal desde hace fuu, todos los días del año y en qué
condiciones. A lo mejor los partidarios de declaración tan furibunda
tienen “conocimiento de causa” de lo que estaban condenando; pero
como el “método” es ilegal, pues entonces no ha pasado nada y todo
se queda en la confesión. Desde luego, los “analistas” y periodistas
qué no dijeron, condenando “tamaño despropósito”.
El reconocimiento del derecho a la propiedad privada “en función
social” desató la ira de esos “demócratas” a quienes les da
urticaria la sola idea de que se ponga algún coto, alguna
restricción a ese derecho “divino” (santificado por la iglesia) que
les da “el derecho” a unos pocos privilegiados “de la suerte” el
poseer la mayor parte de las riquezas,
no importa cómo. Si mal
no recuerdo, fue Víctor Hugo quien dijo en el Parlamento francés que
“tras toda fortuna siempre hay un crimen que se quedó en la
impunidad”. Pero eso fue
y no se pudo sancionar a los atracadores. Entonces, la propiedad
privada debe garantizarse sin límites ni condicionamientos. Y
lograron que el inefable y misterioso Asesor Jurídico de la
Presidencia, “para no hacerse problemas” especialmente por el SI del
próximo referéndum, aconseje a sus asambleístas que quiten “frase
tan incómoda”. Pero, los acuciosos altoparlantes del sistema, hasta
la fecha no dejan de asegurar que el Ecuador ha entrado en riesgo de
confiscaciones comunistoides.
Contra el Presidente Rafael Correa, sus acciones y sus dichos, la
historia de la agresión mediática ya tiene año y medio. Lo simpático
(por no decir, lo indignante) es que quienes compiten en decirle
“samba canuta” al Jefe de Estado, por cualquier declaración, por
cualquier acción, por cualquier manifiesto, pues son los mismos que
alegan que el Gobierno-Correa acusa “signos contra la libertad de
expresión” que ellos profesan.
Para muestra de lo que estamos manifestando, dos botones recientes
más:
Las críticas, los artículos de opinión, las proclamas contra Correa
por haber diferido el restablecimiento de relaciones “plenas” con
Colombia, con ese mismo presidente paramilitar que ha dicho del
Presidente de los ecuatorianos lo que le ha dado la gana. De la
“actitud sumisa” nos habla el autor español Vicente Romano (de la
“Formación de la mentalidad
sumisa” trata el libro) y esto es lo que hacen y dicen y
aseguran los voceros del sistema, cada vez que están frente a un
suceso claramente de soberanía y dignidad. Les molesta, les da
urticaria que Correa no se allane “a los hechos” (la agresión de
marzo 1/2008 en Angostura, frontera con Colombia) y claman al cielo
porque se restablezcan las relaciones amistosas que siempre se han
dado con Colombia, especialmente si lo “que tuvo que hacer Uribe”
fue contra el terrorismo de las FARC. Inclusive publicaron algunos
medios impresos unas publicidades pagadas que un neofascita de
nombre Antonio Ricaurte, publicó en notas publicitarias muy
destacadas (y muy costosas) incitando “a no permitir que los
criminales de las FARC actúen en Ecuador” (en uno de esos cintillos
neofranquistas se incluyó una foto de la periodista y asambleísta
María Augusta Calle, casi como incitando a su eliminación física).
Las demandas, los rechazos, las alertas que han publicado en estos
días por la incautación de alrededor de 200 empresas que, a nombre
de testaferros y compadres, mantenían funcionando con utilidades
millonarias los hermanos Isaías, autores de un atraco
multimillonario que se llamó liquidación de Filanbanco; y quienes
gozan en Miami del amparo del Tío Sam. La acción tomada por el nuevo
Gerente de la AGD (que ocasionó beneplácito nacional) es motivo de
dudas, mal interpretaciones, amenazas y más de los voceros de los
grandes medios de (in)comunicación social, quienes ya hablan de
confiscación, que se ha eliminado el derecho a la legítima defensa y
más. Y le endosan al Presidente Correa “esta acción contra la
libertad de expresión” solo porque entre las empresas incautadas hay
canales de televisión de señal abierta, que siempre estuvieron en
propiedad de los hermanitos prófugos y sus testaferros. “Pero que no
cambie su línea editorial” era el “clamor” de la gran prensa, a la
que se unió la vieja celestina de la Sociedad Interamericana de
Prensa, el Grupo de Diarios de América, los “reporteros sin
fronteras” y otros organismos regionales de defensa de la libertad
de prensa, siempre y cuando sea a favor de medios que “luchan por la
libertad y la democracia” así sean gobiernos genocidas y criminales
como Pinochet, la Junta Militar Argentina o Uribe.
Se han lavado la cara
Dice la sabiduría popular que “no hay mal que por bien no venga”. El
mal, en el caso de esta agresión a mansalva de los
mass media del sistema
contra todo lo que suene a cambios estructurales, a limitación de
privilegios, al cobro de impuestos a los que nunca pagaron, al
combate contra la corrupción de altura, se ha desembozado, ha
terminado por identificarse plenamente y a nivel mundial.
Verdad es que esta “orientación” viene dándose desde que comenzó a
desarrollarse la comunicación mal llamada social, especialmente
contra “aventuras” como la revolución bolchevique (1917) a la que la
gran prensa mundial dedicó toda clase de mentiras, cuentos,
acusaciones y tergiversaciones, hasta contribuir en buena medida a
su desmoronamiento. Luego, en América Latina, llegaría la revolución
cubana; y contra ella, los
mass media del sistema, ya van para 50 años de inventar,
ignorar, tergiversar todo lo que sea contra esa experiencia
socialista, única en la historia de la humanidad.
Contra Hugo Chávez, en poco menos de 10 años, la agresión mediática
(interna y externa) no conoce fronteras. Pero Chávez y la Venezuela
de las misiones y los cambios, sigue manteniéndose firme, adelante,
a pesar de este tipo de terrorismo que tiene un gran director de
orquesta: la cantidad de “apoyos” entre los cuales destaca la gran
prensa “occidental y cristiana”.
Rafael Correa, en Ecuador; Evo Morales, en Bolivia; Daniel Ortega,
en Nicaragua; y hasta la inofensiva Cristina Fernández, en
Argentina, son objeto de este tipo de agresión mediática, en la
medida en que estos gobiernos ensayan cambios, transformaciones,
largamente esperadas por sus pueblos. Pronto le llegará la hora a
Lugo de Paraguay, quien “amenaza” con introducir una política
popular en su torturada patria.
Esta política (de terrorismo mediático) sin embargo, nos permite en
nuestros países subdesarrollados identificar y clarificar la
verdadera esencia y el rol de vanguardia del sistema neoliberal
oligárquico que tienen estos medios, desde hace rato, en la medida
en que se convirtieron en prósperas empresas comerciales y en
“engaña bobos”, por desgracia, de muchos millones de seres humanos
indefensos.
Hoy en día –y esto es lo positivo– los medios del complot mediático
ya no se cuidan de guardar las apariencias, esas que hasta hace poco
les servía de pantalla para aparecer como democráticos, amplios,
objetivos, defensores de los más caros intereses del ser humano.
Aquello ya es historia. Hoy son las mortíferas ametralladoras que
defienden el sistema sin subterfugios, descaradamente.
Los paraperiodistas
disparan y matan
Y en esta “batalla” (agresión, diría yo) los medios han desarrollado
todo un diagrama de mandos, submandos, oficialidad y tropa, que
cumplen sus funciones, en sus respectivos niveles.
En la cúspide están esos organismos internacionales y nacionales que
generan “el pensamiento” anticambios, de defensa del sistema, de
desprestigio “del enemigo”. Los más visibles son la SIP (Sociedad
Interamericana de Prensa), el GDA (Grupo de Diarios de América),
Reporteros sin Fronteras. Tras ellos están
esas fuerzas del poder real, que no aparecen sino muy de vez
en cuando, para proclamar alguna “verdad revelada” o anatematizar
contra algún “eje del mal”.
A nivel de “locaciones” actúan los mayordomos o huasicamas del
sistema, mejor conocidos en Ecuador como “los pelucones”. Son
accionistas cuando no directores o propietarios de la gran prensa.
Son los que determinan, a través de sus porteros de redacciones o
“analistas” ¡qué está bien y qué está mal!; a quiénes no entrevistar
y a quiénes sí, quienes son “enemigos” y quienes son “amigos o
aliados” de la libertad de prensa. Desde luego, entre estos hay unos
cuantos periodistas que un día fueron “de izquierda” pero que
terminaron de “cerebros grises” de la globalización, la doctrina
social de mercado, la pluralidad informativa y otros enunciados de
este jaez (hay que recomendarles que lean
“La impostura de los
economistas” de Michel Musolino, un economista francés decente y
limpio). Pero estos caballeros (si es que lo son) “analizan,
descubren, investigan el agua tibia” y proveen de las bombas y las
balas que deben lanzar sus subalternos.
En un tercer nivel, esta vez operativo, están todos esos
“compañeritos” que tan sabios y solemnes aparecen en pantallas de la
empresa televisiva; o que escriben unos
articulazos enjundiosos e
irrebatibles, en las páginas de los medios impresos del sistema; y
defienden o atacan desde los micrófonos de las estaciones radiales.
A ellos les corresponde el apelativo de
paraperiodistas del
terrorismo mediático que está plenamente activo en todo el
continente. El término es un paralelismo de los
paramilitares colombianos
y sus acciones de “seguridad democrática” que han ocasionado miles
de muertos y millones de desplazados. Solo que los
paraperiodistas tratan de
aniquilar la conciencia social de los pueblos (y lo han conseguido
en algunos casos).
En la escala receptiva, está la gran masa de perceptores de los
mass media, a quienes se
ametralla todos los días, a toda hora, con una suerte de mensajes
supuestamente informativos y de “recreación” que pretende consolidar
la mentalidad sumisa, única manera de preservar la “democracia y la
libertad” al estilo neoliberalismo, por los siglos de los siglos.
Solo que hay síntomas que la “operación debilitamiento social y
político” al parecer está desacreditándose. No de otra manera puede
explicarse, por ejemplo, el repetido triunfo electoral (a pesar de
la última derrota) de Chávez y su revolución bolivariana; o la
“revolución ciudadana” proclamada por Correa. Es que el ciudadano y
la ciudadana común y corriente ya no traga cuentos, peor ruedas de
molino. Como que está desarrollando una conciencia social.
