Estados Unidos
¿Por qué fuimos injustamente arrestados?
Amy Goodman
felap.info, Saint Paul, Minnesota
viernes, 05 de septiembre de 2008
La represión a los periodistas
practicada por el gobierno es una auténtica amenaza a la democracia.
Durante la Convención Nacional Republicana, que se está celebrando
esta semana en St. Paul, Minnesota, la policía está sistemáticamente
atacando a los periodistas. Fui arrestada junto a dos de mis
compañeros, los productores de Democracy Now! Sharif Abdel Kouddous
y Nicole Salazar, cuando estábamos haciendo la cobertura informativa
del primer día de la Convención. He sido injustamente acusada de un
delito menor. Mis colegas, que simplemente estaban informando,
podrían ser acusados de provocar disturbios, un delito mucho más
serio.
Las Convenciones Nacionales
demócrata y republicana se han convertido en caros y prolongados
eventos de teatro político, básicamente, cuatro días enteros de
publicidad para promocionar a los principales candidatos a la
presidencia. Del otro lado de las rejas de seguridad, se han
convertido en importantes encuentros para los movimientos de base,
para que la gente se reúna –en medio de las banderas, banderines,
banderolas y guirnaldas– para expresar los derechos enumerados en la
Primera Enmienda de la Constitución: “El Congreso no aprobará
ninguna ley que establezca la adopción de una religión o la
prohibición del libre ejercicio de la misma; o que coarte la
libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo para
reunirse pacíficamente y solicitar al gobierno la reparación de
agravios”.
Detrás de toda la hipérbole
patriótica que acompaña a las Convenciones, y los miles de
periodistas y trabajadores de los medios que acuden a cubrir los
eventos organizados para la ocasión, ocurren serias violaciones del
derecho básico a la libertad de prensa. Aquí, en las calles de St.
Paul, la prensa tiene la libertad de informar sobre los eventos
oficiales de la Convención Nacional Republicana, pero no la libertad
de informar sobre la violencia policial y los arrestos generalizados
llevados a cabo contra aquellos que han venido a hacer una petición
a su gobierno, manifestándose.
El 1º de septiembre era el Día del
Trabajo (celebrada en EE.UU.), y se estaba llevando a cabo una
manifestación contra la guerra que contaba con una gran asistencia
de gente, con familias de esta misma ciudad, estudiantes, veteranos
y gente de todo el país que se había dado cita para oponerse a la
guerra. Los manifestantes superaban enormemente en número a los
delegados republicanos.
Había un ambiente positivo y
festivo, unido a una creciente ansiedad por la trayectoria que
estaba tomando el huracán Gustav, y por si Nueva Orleans sería
devastada una vez más. Más tarde, durante ese mismo día, se produjo
una manifestación espontánea no autorizada. Los policías
–uniformados con equipamiento antidisturbios, con cascos,
protectores para la cara, porras y latas de gas pimienta– cargaron
contra la manifestación. Condujeron a manifestantes, peatones que
pasaban por ahí y periodistas que estaban trabajando hasta un
estacionamiento; allí los rodearon y empezaron a esposarlos.
Nicole estaba grabando la escena. La
grabación de su propio arresto, muy violento, resulta escalofriante.
Policías con uniforme antidisturbios la atacaron, y le gritaron:
“Contra el suelo”. En la grabación se puede escuchar la voz de
Nicole, repitiendo claramente “¡Prensa! ¡Prensa! ¿A dónde se supone
que vamos?” Estaba atrapada entre los coches estacionados. La cámara
cae al suelo en medio de los gritos de dolor de Nicole. Le golpearon
la cara contra el asfalto, estaba sangrando por la nariz y tenía la
bota o rodilla de un pesado agente sobre su espalda. Otro agente le
tiraba de la pierna. Sharif fue lanzado contra una pared y pateado
en el pecho; su brazo estaba sangrando.
Yo me encontraba en el Xcel Center,
sede de la Convención, entrevistando a los delegados republicanos.
Acababa de entrevistar a la delegación de Minnesota, cuando recibí
una llamada telefónica que me informaba que Sharif y Nicole habían
sido brutalmente arrestados, en todo sentido. El cineasta Rick
Rowley, de Big Noise Films, y yo fuimos caminando hasta donde se
suponía que estaban mis compañeros. Sin aliento, llegamos al
estacionamiento. Me acerqué a la barrera de policías antidisturbios
y pedí hablar con el oficial a cargo, diciéndoles que habían
detenido a periodistas acreditados.
No habían pasado unos segundos
cuando me agarraron, me arrastraron hacia el otro lado de la barrera
policial, me retorcieron los brazos, poniéndomelos a la fuerza tras
la espalda, y me esposaron con unas rígidas esposas de plástico que
se me clavaban en las muñecas. Pude ver a Sharif con el brazo
cubierto de sangre y su acreditación de prensa colgándole del
cuello. Volví a decir que éramos periodistas acreditados, y fue ahí
que un agente del Servicio Secreto se acercó y me arrancó del cuello
mi acreditación de prensa para la Convención. Me llevaron al garaje
de la policía de St. Paul, donde se habían habilitado jaulas para
detener a los manifestantes. Se me acusó de obstrucción a las tareas
de un oficial de paz. Nicole y Sharif fueron llevados a prisión,
acusados de provocar disturbios.
El ataque y posterior arresto contra
mi persona y los productores de Democracy Now! no fue un suceso
aislado. Una organización de videastas llamada I-Witness Video
(Video soy testigo) había sufrido una redada dos días antes.
Integrantes de otro grupo de documentalistas, el Colectivo Glass
Bead, fueron detenidos, y sus cámaras y computadoras fueron
confiscadas. El miércoles, I-Witness Video sufrió otra redada y
finalmente fueron obligados a abandonar la casa en la que habían
montado su oficina. Cuando le pregunté al jefe de policía de St.
Paul, John Harrington, cómo se supone que deben trabajar los
periodistas en semejante atmósfera, sugirió: “Incorporando a los
periodistas como acompañantes de nuestra fuerza de patrullaje”.
La noche del lunes, horas después de
que fuéramos arrestados, y después de una gran protesta pública,
Nicole, Sharif y yo fuimos liberados. Así fue nuestro Día del
Trabajo. Gajes del oficio.
