Chile
Otra víctima de “las computadoras” de Raúl Reyes: un periodista
de La Moneda acusado de trabajar para las FARC de Colombia
Ernesto Carmona
felap.info, Santiago
jueves, 11 de septiembre de 2008
Raras veces un periodista protagoniza la noticia, pero al reportero
chileno Hugo Guzmán
Rambaldi
las intrigas de un senador de la República lo pusieron en el ojo de
un huracán mediático que ocupó portadas de diarios y derrochó
espacio en radio y televisión. Alberto Espina, senador del partido
de extrema derecha Renovación Nacional, lo acusó el lunes 8 de
septiembre estar “infiltrado” en el Palacio de La Moneda como
supuesto agente de las FARC de Colombia y a la vez ser el encargado
de pretendidas relaciones de instrucción militar operativa de esa
organización guerrillera con la etnia mapuche que reclama sus
tierras en el sur del País. El legislador no reveló sus “fuentes”,
en cambio el periodista perdió su empleo.
El Consejo Metropolitano del Colegio de Periodistas y ex compañeros
de trabajo de Guzmán en el desaparecido
Diario Siete ofrecieron
una conferencia de prensa el miércoles 10, en la sede institucional
del Círculo de Periodistas de Santiago, para expresar su solidaridad
con la víctima de las dudosas intrigas del senador, que hasta ahora
parecía uno de los políticos más creíbles de la extrema derecha.
En la conferencia participaron, entre muchos otros, Nancy Arancibia,
actualmente presidenta del sindicato del diario
La Nación; Juan Pablo
Sierra, ex presidente del sindicato de
Siete; Jorge Escalante,
de La Nación; Mario
Aguilera, ex dirigente nacional del Colegio y también del diario
Siete: Juan Domingo
Silva, presidente del Consejo Metropolitano del Colegio; y Claudia
Fuentes, consejera de la misma organización. También circuló una
carta abierta de apoyo a Guzmán suscrita por casi un centenar de
periodistas.
Guzmán se desempeñaba como jefe del Departamento Intragubernamental
de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda, donde ejercía
labores profesionales, no políticas. La acusación de Espina se funda
en un informe de “inteligencia”, probablemente enviado desde Bogotá,
sobre supuestos mails hallados en las computadoras de las FARC, que
se han convertido en un controvertido semillero de “información”
desde la muerte de Raúl Reyes, anunciada por el gobierno de Colombia
el 1º de marzo 2009, después de su criticada incursión en territorio
de Ecuador. A su vez, el partido de Espina tiene estrechos vínculos
con el gobierno de Álvaro Uribe.
Guzmán, quien vivió y trabajó como periodista en México, aparece
mencionado en su supuesto mail enviado en 2005 al entonces líder de
la guerrilla colombiana por la representación formal de las FARC en
ese país, cuando se debatía su reconocimiento como fuerza
beligerante. Por su trabajo en un canal de televisión, Guzmán –al
igual que muchos otros periodistas– realizó entrevistas a personajes
de la guerrilla y cubrió actividades de la representación de las
FARC en México, entonces reconocida oficialmente por el gobierno de
ese país.
La Presidenta Michelle Bachelet y el ministro Secretario General de
Gobierno, Francisco Vidal, defendieron a Guzmán, manifestando que
las acusaciones de Espina carecían de validez mientras no fueran
verificadas por la justicia. Espina conocía a Guzmán desde que el
periodista cubría su partido como fuente noticiosa para diversos
medios en que trabajó, entre otros, el
Diario Siete, donde se
desempeñó hasta que fue cerrado en 2006. “Cuando hay información,
cualquiera que ésta sea, que tiene que ver con una situación que
debe ser investigada por la justicia, por la fiscalía, hay que ser
extremadamente prudentes”, dijo el martes 9 la Presidenta.
El ministro Vidal dijo que Guzmán había entregado las explicaciones
de rigor a sus superiores. Añadió que la fiscalía estaba
investigando la denuncia de Espina y que el gobierno se limitaría a
respetar la ley cuando la justicia resolviera. “Como principio para
este caso o cualquier otro, en Chile, un chileno o una chilena no es
perseguido por aparecer en un mail; sólo es perseguido y sancionado
por la justicia si la justicia acredita que aparecer en ese mail es
producto de una sanción en las leyes chilenas”, afirmó Vidal.
“Antes de acusar o denunciar a alguien, tienen que ser los
tribunales de justicia, o en este caso la fiscalía, quienes
determinen si efectivamente las denuncias responden a algo que
pudiera constituir una falta o delito”, subrayó Bachelet, quien
aludió el vértigo que le producen las cámaras a ciertos dirigentes
de la derecha. Espina se ha especializado en denunciar a la
delincuencia y la inseguridad ciudadana, vinculándola al terrorismo
político, que es una denominación local para las protestas sociales
y los reclamos de la etnia mapuche.
Sin embargo Guzmán renunció a su puesto en La Moneda. “No me voy a
prestar ni voy a ser pretexto para que la derecha golpee, hostigue y
tenga una actitud agresiva hacia el Gobierno, por lo que consideré
oportuno dejar mi responsabilidad en el gobierno”, dijo. La decisión
fue tomada después de una reunión con su jefe, el periodista Juan
Carvajal, quien lo sustituyó por Guaraní Pereda. En su dimisión,
Guzmán explicó que su renuncia “obedece a la situación que crearon
algunos medios de prensa a partir de un documento que un senador de
Renovación Nacional habría entregado a autoridades judiciales –sin
explicar su origen ante la opinión pública–, el cual contendría un
correo electrónico donde se me alude”.
El periodista añadió que “a partir de aquello medios de prensa y
personeros de la derecha han instalado el infundio de que personal
del Gobierno habría tenido contactos con una de las guerrillas que
operan en Colombia. Me queda claro que esto forma parte de una
actitud agresiva y desestabilizadora de sectores de la derecha en
contra de la actual administración y que, entre otras cosas, se hace
con declaraciones intimidatorias y hostiles, muy parecidas a las que
vimos en los tiempos de la dictadura cuando esos mismos personeros
cerraban los ojos o apoyaban la persecución y el amedrentamiento
hacia periodistas que ejercían el derecho a informar”.
El periodista calificó la “denuncia” de “una amenaza al libre
ejercicio periodístico, ya que la situación en que aparezco citado
tiene que ver con mi trabajo profesional en México que compartí con
muchos otros colegas, de lo cual fueron testigos diplomáticos,
legisladores y funcionarios de varios gobiernos”. Asimismo, dijo que
no tiene “vínculo alguno” con las FARC.
Apoyo de los periodistas
El Consejo Metropolitano del Colegio de Periodistas expresó “su
profunda preocupación por la situación que enfrenta nuestro colega
Hugo Guzmán R. y por las consecuencias que le puede acarrear,
laboral y anímicamente, la apresurada declaración del senador
Alberto Espina, quien lo señala como contacto de las FARC en Chile,
por el mero hecho de aparecer mencionado en un correo extraído del
notebook del fallecido
comandante de las FARC, Raúl Reyes”.
“Peor aún es que Espina vincule a Hugo Guzmán en una supuesta
relación operativa entre las FARC, de Colombia, y grupos de mapuches
de Chile, los cuales habrían pedido preparación paramilitar”, añadió
un comunicado de la organización. “Hugo Guzmán es un periodista de
dilatada trayectoria quien, en cumplimiento de su misión
profesional, ha cubierto diferentes frentes noticiosos, en distintas
latitudes y, al mismo tiempo, ha establecido contacto con sus
diferentes fuentes informativas”.
“Así como se relacionó con la oficina diplomática de las FARC,
cuando se desempeñó como editor internacional del canal 11 de
México, buscando la información donde fuera, también se relacionó
con Renovación Nacional y con la UDI [Unión Demócrata Independiente,
también de extrema derecha], cuando cubrió la sección política en
los diarios Las Últimas
Noticias, La Tercera
y La Nación”, indicó el
Colegio Metropolitano. “Hay que señalar que, como periodistas y en
nuestra actividad profesional diaria, contactamos y entrevistamos a
personas de variados ámbitos. Eso no constituye afinidad, ni
compartir valores ni estar implicado de manera alguna con quienes
sean las fuentes, ni nos hace partícipe de las decisiones u
operaciones que dichos actores realicen. Esta es otra razón para
llamar a los dirigentes políticos a actuar con responsabilidad y no
caer en una conducta declamativa de caza de brujas, de cuyas
consecuencias nadie se hace responsable. Al mismo tiempo, llamamos a
nuestros colegas a no ser altavoces de acusaciones que no se
sostienen en elementos comprobados. Eso termina afectando la labor
investigativa del periodismo”, concluyó el Consejo Metropolitano del
Colegio.
Las dos caras del periodismo
Pese a la solidaridad expresada por el gremio, muchos otros
periodistas dieron una versión poco ecuánime y nada ética de la
denuncia contra su colega en los grandes medios en que trabajan, que
casi unánimemente dieron por ciertas las acusaciones de Espina.
Todos los medios le dieron gran cobertura a la versión del senador,
pero casi ninguno tomó en cuenta los descargos de su víctima.
En la conferencia de prensa en solidaridad con Guzmán, el presidente
metropolitano del Colegio, Juan Domingo Silva, expresó “nuestro
dolor por la situación que atraviesa el colega”, aludiendo “el drama
creado por el senador Espina”. Nancy Arancibia reclamó el derecho de
los periodistas a establecer comunicación con sus fuentes y dijo que
en Chile nunca se ha acusado de cómplice a quien haya entrevistado a
cualquiera de los numerosos torturadores y autores de delitos contra
los derechos humanas, que abundan en este país. Dijo que en el
diario La Nación, donde
trabaja, han entrevistado a menudo a tales violadores sin que los
reporteros hayan sido acusados de “agentes de la tortura”. Calificó
de “increíble y detestable” la actitud del legislador. También
expresó dudas sobre la procedencia y veracidad de los mensajes que
se siguen extrayendo de las computadoras de las FARC desde marzo.
La carta abierta de los periodistas, quienes se desempeñan en
diferentes medios de Santiago, cuestionó las “filtraciones y
supuestos vínculos del periodista Guzmán con fracciones de las FARC
colombiana”. Los firmantes dijeron que “como profesionales, vemos en
esta práctica una seria lesión a la debida búsqueda de fuentes
directas de los acontecimientos de un país”.
Añadieron que “es deber de los periodistas relacionarse, vincularse
o conversar con todas las fuentes vivas disponibles, estén dentro o
no de la legalidad, sean o no del agrado del profesional o del medio
en que se desempeña. Cubrir con dudas el legítimo derecho y el deber
de un periodista a relacionarse con protagonistas de las noticias,
pone en serio riesgo la libertad de los ciudadanos y ciudadanas a
informarse adecuadamente”.
Para los trabajadores de prensa que expresaron su solidaridad con
Guzmán, “es deber de toda la ciudadanía reclamar que los periodistas
en el ejercicio de su profesión busquen e incursionen en territorios
prohibidos, no evidentes, y a veces ocultos. Relativizar y sospechar
de esta facultad y por consiguiente del derecho de reservar la
fuente, corre el riesgo de invalidar el importante aporte de cientos
de profesionales que han entrevistado a personas que muchas veces
están en conflicto con la ley. Nos hacemos parte de la declaración
del Colegio Metropolitano de Periodistas que ha llamado a los
‘dirigentes políticos a actuar con responsabilidad y no caer en una
conducta declamativa de caza de brujas, de cuyas consecuencias nadie
se hace responsable’”.
