América Latina
Estados Unidos ataca a Bolivia: siempre la misma mierda
Juan Carlos Camaño*
felap.info, Buenos Aires
martes, 16 de septiembre de 2008
Cerca de la medianoche del pasado jueves 11 de septiembre, el canal
“Encuentro”, de la televisión argentina, puso en pantalla un
excelente trabajo documental sobre la digna vida y la
heroica
muerte de Salvador Allende. Un conmovedor ejemplo de quien fuera
presidente de Chile –al inicio de los años setenta– enfrentado a la
oligarquía de su país y a la trama criminal pinochetista, urdida,
entre otros, por el mismísimo Henry Kissinger, quien actualmente
hace las veces de “analista” de la política exterior de EE.UU.
Hombre de consulta de proclamados demócratas de Latinoamérica y el
mundo entero, preocupados porque con “sus” propias democracias los
pueblos deciden votar, por ejemplo, a Evo Morales, en Bolivia.
Deciden elegirlo y, luego, refrendarlo. Es decir: a la tan declamada
democracia para sojuzgar, democracia y media, para liberar.
“El drama que vivimos hoy es consecuencia de que lo volvieron a
votar al señor Evo Morales”, dijo una diputada opositora, lo más
suelta de cuerpo y a cara descubierta, por televisión. Sincerando,
una vez más, lo incómodo que le resulta a los dueños del dinero y a
sus legisladores que “sus” propias democracias se les escapen de las
manos. Ya, en su momento, ante la reiteración de triunfos
electorales del presidente Hugo Chávez en Venezuela, la inefable
Condoleezza Rice reflexionó, en voz alta, sobre la conveniencia de
analizar qué hacer con el “mal funcionamiento” del engranaje
político por excelencia.
En el documental que pasó el canal “Encuentro”, decíamos, hombres y
mujeres de encomiable integridad –que fueran compañeros y compañeras
de Allende y que permanecieran con él hasta último momento dentro
del Palacio de la Moneda, bajo el bombardeo– recordaron casi hora
por hora aquella
trágica jornada.
En otros canales, también cerca de la medianoche del último jueves
11 de septiembre, se reiteraba la noticia referida a las muertes en
Bolivia, el llamamiento de Evo Morales a recuperar la cordura, y las
manifestaciones del gobierno de Estados Unidos pretendiendo,
primero, desmarcarse de un conflicto que, junto a las oligarquías
separatistas, fogonea desde hace largos meses. Primero desmarcarse,
pero inmediatamente
después –descaradamente– acusando al presidente de Bolivia de
encender la hoguera “para disimular su aislamiento internacional”.
El mismo argumento que fuera utilizado otrora contra el presidente
de Venezuela, Hugo Chávez. El mismo latiguillo de cuando le dieran
el golpe de estado, en el año 2002, y el mismo ahora, cuando el
primer mandatario venezolano respaldó, sin que le tiemble la voz, al
gobierno boliviano.
Las groserías políticas y los genocidios que caracterizan a
distintos gobiernos de Estados Unidos a lo largo de la historia no
varían. Siempre la misma mierda. En “Chile para recordar”, uno de
los grandes y minuciosos trabajos del periodista y escritor Gregorio
Selser –ya fallecido–, se alude a que la matanza de casi un millón
de personas, a mediados de los años sesenta, en Indonesia –donde
EE.UU. estuvo implicado con sus servicios de inteligencia, armas y
efectivos regulares disfrazados de mercenarios–, sirvió de
inspiración al golpe contra Allende y para el inmediato genocidio de
al menos quince mil mujeres, hombres y niños. Explica Selser que
meses antes del asalto pinochetista al gobierno de la Unidad
Popular, en muchos barrios de Santiago había aparecido pintada la
palabra “Yakarta”. Era la consigna. Hacer en Chile lo que, como
genocidio en Indonesia comenzó por su capital, Yakarta.
Aquí y allá, ayer y hoy. Siempre la misma mierda. Y frente a tanto
genocidio, a tanta brutalidad, lo que sigue siendo escalofriante es
la hipocresía de no pocos “demócratas” y no poca prensa de fácil
irritabilidad, al escuchar a Hugo Chávez decir “coño”, “carajo”,
“yankis de mierda”. Los espantan las palabras y no los holocaustos
con que EE.UU. viene regando este mundo para devorárselo.
Por estos días, los gobiernos de Brasil y Argentina firmaron
acuerdos comerciales y llegaron, con propuestas recíprocas, a
concluir que el intercambio bilateral se regirá a partir de las
monedas de ambos países y no del dólar. El presidente Lula reiteró,
además, que la idea de crear el Banco del Sur es, ya, mucho más que
una idea.
Por otra parte, en Ecuador, el presidente Rafael Correa, elevando la
apuesta por encima de la democracia formal, avanza hacia una
profunda modificación de la carta magna, con la declarada intención
de que la participación popular sirva para cambiar la matriz
institucional y distributiva, todavía afín a los intereses de la
clase dominante. Además, le pone punto final al enclave militar de
EE. UU. en la base de Manta.
Fernando Lugo, recientemente electo presidente de Paraguay, no
únicamente ha designado un canciller –Alejandro Hamed Franco,
considerado por EE.UU. amigo de países del “Eje del mal”–, sino que
se propone avanzar en profundas relaciones comerciales con
Venezuela.
El Imperio está inquieto. Las derechas, alzadas. Conspirando
tempestades y trabajando a destajo en la creación de condiciones
mediáticas que instalen ideas madres en el conjunto social, para el
desembarco masivo –violando territorio ajeno– de “hombres de
negocios enmascarando a agentes de la CIA, el Pentágono, el FBI y a
rompe huesos y carniceros, clones de los que actuaron –y actúan– en
Iraq, Afganistán, Yugoslavia. Varios de los que por estos días saben
viajar a bordo de la IV Flota, que se pasea “solidaria” por ríos y
mares de nuestro continente. Y que ha llevado al canciller de
Brasil, Celso Amorín, a consultar a funcionarios del gobierno de
Bush a título de qué tanta “solidaridad” naval husmeando el
Amazonas.
En tanto, cosa para nada menor, los medios de comunicación que
responden, directa o indirectamente, a la lógica e intereses de
EE.UU. redoblan las campañas más sutiles y las más burdas:
desprestigiando gobiernos y organizaciones de masas que no se
arrodillan. Una labor que se conoce como el paso de antesala a las
demoliciones y saqueos de recursos naturales –gas, petróleo,
minerales, agua, territorios–. O sea: lo hecho en Yugoslavia, hace
unos años, en lo que fuera, quizás, una de las más claras evidencias
de la aplicación de la teoría del descuartizamiento. De eso se
trata. De crear las condiciones previas, incluidos los bloqueos
intermitentes que desgasten parcial y selectivamente, a diferencia
del sistemático, interminable y criminal aplicado contra Cuba desde
hace cerca de cincuenta años.
De los tiempos de la obediencia debida al Consenso de Washington, a
estos días de discursos y actitudes sin mordazas, hay un trecho: lo
suficientemente importante como para no regresar al pasado y, por
los retos frente al poder ciego, sumamente difícil de transitar
hacia el futuro. Al pretendido gendarme del mundo lo incomoda que, a
pesar de su voracidad y ferocidad, se haya extendido el lenguaje de
la multilateralidad. Eso, que no es sencillo y tiene sus bemoles al
interior de la lucha intercapitalista, se da de patadas con el
proyecto de dominación integral que Estados Unidos –halcones y
palomas– se reservaba para el presente siglo.
En el documental que, referido a Salvador Allende, pasara el canal
“Encuentro”, casi a la medianoche del jueves 11 de septiembre, las
mujeres y hombres que dieron testimonio, se mostraban serenos.
Dolidos y dignos. Quien cerró las entrevistas fue un señor mayor,
sepulturero. Aquí –señalando con un dedo– fue enterrado Allende,
dijo. Y palabras más o menos, ganado por la emoción, agregó que él,
como millones de personas, lo habían votado para presidente. Una
manera de hacerse cargo de la historia, enfrentándose a las cámaras
y a los largos miedos con que los Pinochet y los Kissinger llegaron
a penetrar hasta los huesos a la sociedad chilena por décadas.
A la misma hora, de ese jueves 11 de septiembre, en su llamado a la
cordura, Evo Morales convocó, sin miedos, a defender la soberanía y
a luchar por la defensa de un proyecto de país enfrentado a
quinientos años de ultraje.

* El argentino Juan Carlos Camaño es Presidente de la Federación
Latinoamericana de Periodistas (FELAP).