La mafia americana de la desinformación se reunirá en Madrid
Jean-Guy Allard*
felap.info, La Habana
martes, 16 de septiembre de 2008
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el cártel de grandes
propietarios de medios de comunicaciones del continente americano
que maneja los ataques a Cuba y Venezuela, da por garantizada la
presencia del Rey de España y del Presidente del gobierno español,
al vender a sus miembros su próximo congreso, programado del 3 al 7
de octubre en Madrid.
El Director Ejecutivo de esta organización fundada por la CIA cuya
sede está en Miami, Julio E.
Muñoz,
usa al Rey Juan Carlos y al presidente José Luis Rodríguez Zapatero
como “argumentos promocionales” para atraer participantes. A 1.600
dólares por la inscripción y 158 euros por noche, Muñoz tiene que
desarrollar artificios de mercadotecnia para que este evento ya
controvertido no sea un fracaso. La Asamblea General de la SIP se
efectuará en el hotel Meliá Castilla de la capital española.
En Caracas, la SIP conoció en marzo de 2008 un espectacular fracasó
cuando organizó una provocación convocando a una conferencia
violentamente hostil al gobierno bolivariano. La asociación de
editores derechistas tuvo que enfrentarse al Encuentro
Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, donde periodistas de
todo el continente denunciaron la complicidad de los capos de la
prensa comercial con el Departamento de Estado y los servicios de
inteligencia de EEUU.
En la convocatoria enviada a todos sus miembros, Muñoz proclama que
el programa “incluirá paneles, mesas redondas y figuras estelares
como Mario Vargas Llosa”, uno de los voceros más recalcitrantes de
la derecha latinoamericana, al lado de Carlos Alberto Montaner.
Ya se sabe que Vargas Llosa, ahora naturalizado español, usará su
intervención para repetir sus usuales ataques contra Cuba, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua y sobre todo Venezuela. Hace apenas un año, en
esta misma capital hispana, en un evento orientado por la CIA y
auspiciado por la Fundación Internacional para la Libertad, de su
socio Montaner, Vargas Llosa “denunció” la existencia de “una
multinacional chavista en América Latina”.
Entre los momentos clave de la reunión madrileña, Muñoz anuncia una
cena “ofrecida por El País”,
en el Palacio Municipal de Congreso.
El País, el diario que
encabeza continuas campañas de difamación contra gobiernos
progresistas de este continente, pertenece al Grupo Prisa, una
trasnacional de la comunicación que controla más de mil emisoras en
España, Estados Unidos, México, Panamá, Costa Rica, Colombia,
Argentina y Chile. Como si estos argumentos no fueran suficientes
para convencer a su clientela latinoamericana, Muñoz añadió a su
programa “clases de Flamenco en Las Vistillas” y cócteles “con tapas
y sangría”.
En el curso de los años, esta asociación de magnates de la prensa
comercial intervino en la UNESCO, para defender el control de la
información por parte de la empresa privada y participó en la
propaganda sucia contra el gobierno democrático de Salvador Allende,
además de ser cómplice del golpe contra el presidente Hugo Chávez.
Nunca se perdió una oportunidad de atacar a Cuba.
La SIP fue creada en Nueva York en 1950, en una operación de la CIA
que pirateó groseramente la organización panamericana legítima
creada en La Habana en 1943 y ahora pretende representar a la
libertad de prensa en la región americana, pero no es más que el
cártel de los grandes propietarios de medios de comunicaciones del
continente. Dos altos oficiales de los servicios estadounidenses de
inteligencia, Jules Dubois y Joshua Powers, capitanearon la
operación que convirtió virtualmente a la organización en filial de
la CIA.
Breve historia del cártel continental de la desinformación
En 1950, los servicios norteamericanos de inteligencia realizan en
Nueva York el secuestro de la SIP, organización de prensa nacida en
La Habana en 1943. Al frente del complot estuvo el Coronel Jules
Dubois, anticomunista furibundo, que luego manejaría sus mecanismos
de desinformación durante 15 años.
Desde años, Ernesto Vera, respetado veterano de la prensa cubana, ha
investigado el tema del verdadero complot que permitió el secuestro
de la agrupación cuyo concepto original se remonta a propuestas
expresadas en 1889, y, luego, en un primer congreso panamericano de
periodistas ocurrido en 1926.
Vera cuenta cómo el proyecto se concretizó por fin, en 1943, en La
Habana, con la creación de la Sociedad Interamericana de Prensa. El
evento, que se desarrolló en un momento histórico favorable,
permitió una amplia representación de los más variados sectores del
mundo continental de la información, “en el medio de la Segunda
Guerra Mundial, del frente antifascista, cuando no se podía excluir
a órganos de prensa progresistas”, subraya Vera.
En aquel histórico momento se afiliaron a la SIP numerosos medios de
izquierda que –aunque minoritarios– encontraron un espacio para
expresarse en esa nueva organización.
“En el caso de Cuba, participó, entre otros, el periódico marxista
Noticias de Hoy, fundado
en 1938, justo cinco años antes”, recordó Vera.
Así, del 43 al 50, “varias conferencias se realizan en distintos
países donde los miembros progresistas tuvieron una posición de
denuncia, sobre todo en contra del papel de las agencias de prensa
norteamericanas que era ya insostenible”. Sin embargo, pasaron los
años y cambió el ámbito internacional. “Empieza la Guerra Fría, el
anticomunismo, el antisovietismo, el macartismo”, recalca el
veterano periodista. Nació la CIA y empezaron sus conspiraciones:
pronto la prensa continental apareció entre sus prioridades.
En la reunión de la SIP de 1946, que se desarrolló en Quito,
Ecuador, tres personajes representaron a Estados Unidos. Dos eran
altos oficiales de los servicios de inteligencia: Jules Dubois y
Joshua Powers. El tercero, Tom Wallace, era un alto funcionario del
Departamento de Estado.
Dubois es el único que puede pretender el título de periodista. Este
auténtico coronel de la inteligencia militar norteamericana –así lo
describió una nota biográfica publicada después de su muerte– se
metamorfoseó en los años 40 como reportero del entonces influyente
Chicago Tribune. Se hizo
famoso por su capacidad de aparecerse milagrosamente donde los
servicios especiales de su país desarrollaban actividades. Así fue
como realizó su cobertura más impactante en Guatemala, en 1954,
cuando el gobierno progresista de Jacobo Arbenz fue víctima de una
operación montada por la CIA –con la elocuente participación de
agentes como David Atlee Philips, E. Howard Hunt y David Morales.
Al narrar la anécdota en un retrato de Dubois publicado más tarde,
la revista Time relató
cómo Carlos Castillo Armas, el general guatemalteco de reserva que
realizó el golpe, había sido su alumno, años antes, en la academia
militar de Panamá, donde Dubois fungía de “instructor”.
En Nueva York, los magnates dan el “putsch”
Así, en el congreso de Quito, a través de varias intervenciones
hábilmente realizadas por Dubois y sus cómplices, se aprobó la
propuesta que realizar la siguiente reunión de la organización en
territorio de Estados Unidos, en Nueva York. A pesar del hecho de
que varios delegados desconfiaban de aquella proposición, finalmente
se aprobó la sede.
Un informe de Wallace al Departamento de Estado, desclasificado más
tarde, detalla el plan secreto que iba a realizarse luego en
territorio imperial. Y cuando se celebra la conferencia en Nueva
York, se confirma el complot que permite entonces apropiarse de la
SIP a los grandes poderes de la prensa continental. El truco no pudo
ser más grosero: los organizadores norteamericanos, orientados por
la CIA, “o no invitaron a los progresistas o no les dieron visas,
bajo el pretexto de que eran comunistas”, recuerda Vera. “O si
viajaban se les detenía, como ocurrió con Carlos Rafael Rodríguez,
quien no sólo representaba al periódico cubano
Noticias de Hoy, sino que
también era el propio tesorero de la organización. Era un cargo
ejecutivo, pero aún así no lo dejaron entrar”. Desfachatadamente,
las autoridades migratorias “lo detuvieron en Ellis Island de donde
no lo dejaron salir”.
“Se reunieron entonces los grandes propietarios y cambiaron los
estatutos. Cuando se creó la SIP en La Habana cada país tenía un
voto, independientemente de la cantidad de órganos de prensa
afiliados. Ahí decidieron que cada órgano de prensa tendría un voto.
¡Y de 1 voto pasaron a tener 424 votos!”
En este congreso neoyorquino, los magnates de la prensa del
continente “se convirtieron en los secuestradores de la libertad de
prensa”.
“El coronel de las orejas peludas”
A partir de 1951, y hasta su muerte, Dubois presidiría la Comisión
de Libertad de Prensa e Información, calificada de “espina dorsal”
de la SIP por el papel de dirección ideológica que realizó y sigue
realizando en toda la prensa comercial del continente.
Nunca, tal vez, como en 1959 con el triunfo de la Revolución Cubana,
se ilustró el papel de la SIP como cártel continental de la
desinformación. Dubois, el hombre de la SIP, de repente, se hizo
omnipresente en La Habana, en medio de la feroz campaña mediática
que se desencadenó rápidamente. Tan grande fue esa agitación,
recuerda Vera, que el 22 de enero, ni dos semanas después de su
entrada en la capital, el Jefe de la Revolución, Fidel Castro,
ofreció una conferencia de prensa, en el salón Copa Room del hotel
Riviera, a la que acudieron unos 500 periodistas, de ellos, 380
extranjeros.
Dubois radicó largo tiempo en la capital cubana. “Tenía un vínculo
muy estrecho con los grandes empresarios de la prensa. Escribía
incluso en Bohemia y se
le veía por todas partes”, dice Vera. Rápidamente se confirmó su
pertenencia a los órganos de inteligencia estadounidenses que venía
evidenciándose desde el golpe mediático que armó entre Quito y Nueva
York.
Vera recuerda: “Había un programa de radio muy escuchado de un
periodista llamado José Pardo Llada. Éste lo llamaba “el Coronel de
las orejas peludas”. Los archivos señalan cómo, en 1959, la Junta
directiva del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba lo denunciaba
ya como “periodista norteamericano y oficial de la CIA”. El 23 de
mayo, en una carta abierta al director de
Bohemia, el Che Guevara
lo califica de “miserable gángster”. En septiembre, el propio Fidel
lo acusa de dirigir una verdadera “campaña de calumnias” contra la
Revolución.
La FELAP reencarna el proyecto original de los periodistas
“En 1951 se reunieron en Montevideo los periodistas que habían sido
separados de la posibilidad de participar en la cita de Nueva York y
denunciaron allí lo que había sido el golpe CIA–SIP”, señala Vera.
“Plantearon que, de ninguna manera, estos grandes propietarios
podían representar la verdadera libertad de prensa”. El 7 de junio
de 1976 se logra fundar en México la Federación Latinoamericana de
los Periodistas (FELAP) que desde entonces agrupa a los verdaderos
periodistas.
“El derecho a la información veraz es un derecho social”, repite
Vera al subrayar cómo los grandes empresarios de la prensa
“pretenden estar por encima de la sociedad”. Por suerte –añade– cada
día hacen menos daño los grandes monopolios de la información porque
“cada día crece más la conciencia crítica sobre el papel de los
medios en las sociedades de nuestros países”. En cuanto a la SIP,
los hechos confirmaron constantemente las peores sospechas.
En el curso de los años, la asociación de magnates intervino en la
UNESCO para defender el control de la información por la empresa
privada; participó en la propaganda sucia contra el gobierno
democrático de Salvador Allende; se mantuvo bien callada durante el
golpe contra el presidente Hugo Chávez. Y nunca perdió una sola
oportunidad de atacar a Cuba.
En cuanto al Coronel Dubois, fue encontrado muerto el 16 de agosto
de 1966, a la edad de 56 años, en un hotel de Bogotá, Colombia. Su
funeral tuvo lugar en la iglesia católica de Santa Teresa, en Coral
Gables, el millonario municipio de Miami, y sus restos fueron luego
enterrados solemnemente en el cementerio nacional de Arlington, en
Washington, donde terminan los “héroes” del imperio.
En agosto de 2000, el diario mafioso miamense
El Nuevo Herald, al
anunciar la inauguración de una nueva sede de la SIP en esa ciudad,
señaló cómo “la Sociedad Interamericana de Prensa se honra a sí
misma” al dar al edificio el nombre de Jules Dubois, “batallador
incansable de la libertad de expresión”.

* Jean–Guy Allard es un periodista canadiense que reside en La
Habana, Cuba.