España
Más sobre libertad de prensa
Vicente Romano
felap.info, Tlaxcala
lunes, 29 de septiembre de 2008
Para Quintín
Cabrera
Con frecuencia se sobrevalora el poder de la prensa,
pero a veces se minusvalora su miseria.
Karl-Hermann Flach (1967)
I
Las frecuentes
invocaciones a la libertad de prensa y de expresión por parte de los
medios dominantes inducen una vez más a comentar la situación
concreta de esta libertad. En España la suele reclamar el emporio
mediático del fallecido Jesús Polanco, que se ha erigido en
referente nacional de la información veraz, imparcial y libre.
Ejemplos destacados de su conglomerado de periódicos, emisoras de
radio y televisión, editoriales, etc., son el diario
El País y la cadena de radio SER, antigua cadena de la Sociedad
Española de Radiodifusión.
El País
quiere acentuar su libertad en el subtítulo de la cabecera: “Diario
independiente de la mañana”. Tal vez pretenda decir que no depende
de ningún partido político. Aunque así fuere, en absoluto es
independiente de su Consejo de Administración, ante el que
periódicamente debe rendir cuentas de sus beneficios o pérdidas. De
ahí que sus invocaciones a la libertad de prensa y de expresión
estén condicionadas por sus intereses. Así que, a la hora de
aplicarlas en sus medios, esas libertades no rijan para quienes
detenten o expresen ideas contrarias a esos intereses. La reciente
expulsión del profesor Caros Fernández Liria de un debate de la SER
por manifestar su opinión contraria a la oficial de la cadena con
respecto a la libertad de prensa en Venezuela, donde el emporio
Polanco tiene considerables intereses económicos, o la sesgada in
formación de El País
acerca de la situación sociopolítica de esta nación latinoamericana,
sobradamente documentada por el periodista Pascual Serrano y el
profesor José Manuel de Pablos, ilustran muy bien la hipocresía de
estos medios.
Mas, tampoco hay
que escandalizarse de esta hipocresía. Estos medios y los
periodistas que trabajan en ellos están ahí para defender los
intereses, esto es, el beneficio de sus propietarios. De lo bien o
mal que los defiendan dependerá su salario y su puesto de trabajo.
Por eso no hay que extrañarse de que atrofien la viga en el ojo
propio e hipertrofien la paja en el ajeno. Los periodistas no sólo
están sometidos a la jerarquía de mando que impera en estos medios.
Como cualquier trabajador, tienen que vender su fuerza de trabajo
para poder comer ellos y sus familias. Aunque, claro está, hay
formas más y menos dignas de hacerlo.
A estos defensores
de sus libertades e intereses habría que recordarles las palabras de
Rosa Luxemburg, una “roja” tan roja que la asesinaron precisamente
por expresar sus ideas en público. Ella decía que “libertad sólo
para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un
partido, por muy numerosos que sean, no es ninguna libertad.
Libertad es siempre libertad para los que piensen de otra manera. No
por el fanatismo de la ‘justicia’, sino porque todo lo vivo, sano y
purificador de la libertad política depende de esta esencia y su
efecto falla cuando la libertad se convierte en privilegio”.
II
El estudio de la
comunicación social, término introducido por el Papa León XIII en su
encíclica De rerum novarum, se pregunta por la autodeterminación del ser
humano en la comunicación pública. Tiene por objeto la libertad, o
falta de libertad, en los procesos comunicativos. Para avanzar en
sus preguntas debe partir de las correspondientes concreciones
mínimas de la autodeterminación y explotar sus posibilidades. De
otro modo no obtendrá ninguna respuesta.
La lucha por la
felicidad de la libre expresión va dirigida a la emancipación de la
correspondiente heterodeterminación. Lo que ésta persigue es la
integración en su sistema de valores y de dominio. De ahí que
nieguen la emancipación y la combata. Véanse, si no, las
informaciones difundidas sobre los movimientos de liberación en
América Latina o en el resto del mundo.
En lo esencial, la
invocación de estos medios a la libertad de prensa y de expresión es
una comunicación unidireccional, no reversible. O, dicho de otro
modo, comunicación de los pocos orientada al dominio de los muchos.
En suma, y en su sentido más negativo, la manipulación propiamente
dicha. Porque se manipula cuando se producen informaciones que no
reflejan los intereses y necesidades de los consumidores, cuando se
producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con la realidad
social. De ahí que, parafraseando a Carl von Clausewitz, pueda
decirse que la mayoría de las noticias son falsas.
La manipulación
significa envolver de tal modo la información que desaparezcan las
contradicciones. En contraste con la emancipación, que es liberación
de la violencia, la manipulación es retención bajo la violencia. Por
eso, la manipulación siempre está relacionada con el dominio.
Siempre es un juego con el miedo humano a estar encerrado, el
intento de dominar la accesibilidad.
A la manipulación
pertenecen tres elementos:
a) el manipulable,
esto es, aquél para quien la emancipación constituye una
posibilidad.
b) el manípulo,
c) el manipulador.
III
En comunicación,
libertad es sinónimo de accesibilidad. La libertad de prensa se
reduce, en última instancia, a la libertad de acceso a la
información, esto es, al conocimiento, y a los medios. De ahí que
sólo la ejerzan los pocos que los poseen. Al carecer de medios
propios para ejercerla, los muchos carecen de libertad de prensa y
de expresión.
Entre los medios
no sólo están los llamados medios de comunicación de masas, sino los
espacios en los que se integra el sistema de dominio: iglesias,
escuelas, locales deportivos, teatros cines, calles y plazas,
lugares públicos, en los que se efectúa preferentemente el
mantenimiento de la ley y el orden.
Se trata, como
hemos dicho en otra parte*, de los lugares del tiempo, los espacios
del encuentro, del contacto elemental humano, de la comunicación
directa, no mediada ni mediatizada, o sea, libre. Este tipo de
lugares de actividad simultánea parecen desaparecer cada vez más del
escenario, ya sea en el trabajo, en público, o en casa. El capital y
los poderes dominantes también los privatizan y controlan, coartando
así la libertad de expresión. La tendencia económica apunta también
en otra dirección: la de sustituir los lugares de comunicación
intensiva por una profusión cada vez mayor de relaciones
comunicativas tecnológicas. La privatización de los espacios
públicos equivale a una expropiación del ciudadano, por suponer
siempre una limitación al uso público, esto es, del populicus, del
pueblo.
Lo que se persigue
con la privatización y el control de los lugares del tiempo es lo
mismo que con los medios impresos y audiovisuales: el monopolio de
la comunicación, limitar a los espacios del intercambio
comunicativo, o sea, la no libertad de prensa o de expresión.
Los medios que
carecen de apertura impiden la comunicación. Per definitionem, la
comunicación contiene el elemento de la reciprocidad. Contradice,
pues, la voluntad autoritaria, que recurre a los medios de la
violencia. Reciprocidad significa apertura a los otros. En la
apertura de la comunicación se concreta el pensamiento cognoscente.
Como es bien sabido, el conocimiento surge del juego entre dicción y
contradicción, del diálogo enriquecedor.
Ahora bien,
contemplando la producción actual de información y las limitaciones
a la libertad, esto es, al acceso por parte de la inmensa mayoría de
la población, puede decirse que se produce información para mantener
la ignorancia.
Y, como
decía Karl Marx: “La ignorancia jamás ha ayudado a nadie”**.
