España
Lección de periodismo
Carlos Miguélez Monroy
felap.info, Madrid
sábado, 21 de marzo de 2009
En la puerta del baño de la facultad de Ciencias de la
Información de la Universidad Complutense de Madrid, una
pintada resume cierto “malestar” de muchos estudiantes de
periodismo. El garabato dice: “Sonríe, esta facultad es una
broma”.
Se quejan de la falta de prácticas, de los profesores, de la
repetición del contenido de las asignaturas, de las
instalaciones… Con seguridad cambiarían sus cinco años de
fotocopiar apuntes para vomitarlos en los exámenes por
escuchar una charla magistral que tocara los puntos más
trascendentes y sensibles de la profesión del periodismo.
No más de cien de esos estudiantes presenciaron la
conferencia que ofrecieron las periodistas españolas Rosa
María Calaf y Ana Pastor. Por segundo año consecutivo, la
ONG Solidarios invitaba a expertos de la comunicación para
reflexionar en voz alta sobre la necesidad de transformar el
mundo desde los medios de comunicación y, por lo tanto,
desde la facultad responsable de formar a los futuros
periodistas.
A punto de jubilarse después de años brillantes como
corresponsal en China, en Rusia y en Estados Unidos, entre
muchos otros, Rosa María Calaf reflexiona sobre el exceso de
información en la actualidad. No en cuanto a su variedad,
sino a la incesante repetición de lo mismo en el universo de
canales que ofrecen las nuevas tecnologías. El dominio de la
‘inmediatez’ como valor absoluto en el periodismo
mercantilista frivoliza la información y la despoja de su
sustancia.
“Te bajas del avión y te preguntan lo que opinas sobre
determinadas cosas, como si uno supiera más después de
cruzar un océano”, comentaba.
La confusión habitual entre lo urgente y lo importante
permite que se carguen en un helicóptero las cámaras y los
micrófonos para tener la exclusiva y llegar antes que nadie
al lugar del conflicto, aunque esto suponga dejar en tierra
media tonelada de víveres.
En esa línea, los medios de comunicación ahogan al
espectador con imágenes desoladoras que despiertan una
“solidaridad” efímera que desaparece con una nueva
catástrofe. Lo que Kant describía como el amortiguamiento de
la sensibilidad en manos de la costumbre desemboca en lo que
Rosa María Calaf llama ‘síndrome de la piedad cansada’.
“Tres años después del tsunami en Indonesia, ¿quién se
pregunta qué ha sido de los indonesios?”
Sobre la mercantilización del periodismo, dijo: “En cuanto
empaquetas la información y la conviertes en mercancía, deja
de ser información. Los beneficios económicos no sólo están
por encima de la ética, sino que se han convertido en el
único fin”.
En ese orden señala el recorte de gastos en el software del
periodismo (los periodistas y su respectiva formación) y los
crecientes gastos en hardware (material de tecnología
punta). “Por mucha tecnología que tengas, alguna
inteligencia tendrá que estar detrás de tanta máquina”.
Por su parte, Ana Pastor
abordó la ética y a la honestidad en el periodismo, valores
a veces eclipsados por una supuesta “objetividad” que
“enseñan” en algunas facultades: “No se trata de objetividad
ni de 'equidistancia' frente a la injusticia, sino de
honestidad”. Citaba a uno de sus ídolos periodísticos,
Ryszard Kapuscinski: “Para ser buen periodista hay que ser
buena persona”. De ahí la importancia de desarrollar la
capacidad de escuchar a los demás, base de la empatía y de
la comprensión de las situaciones de injusticia, algo que le
ha permitido oler la miseria de los países donde ha viajado:
“Cuando vuelves a tu país, te das cuenta de que te ha
cambiado el olfato”.

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