Federación Latinoamericana de Periodistas
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Delegados de la FELAP junto a colegas chinos en visita a la televisión de Shanghai.

China, el viento que no cesa

Juan Carlos Camaño*
felap.info, Buenos Aires
viernes, 22 de mayo de 2009

Como en el libro “El Arte de la Guerra”, del gran estratega chino Sun Tzu, la República Popular China persigue la mejor victoria, la que se logra evitando la guerra. Por convicción, y  necesidad, alienta la paz, para ampliar sus áreas de influencia en el mundo de los negocios y la política. De poder lograrlo –afirman–, el “socialismo con características chinas” habrá de igualar hacia arriba a una inmensa parte de su población sumida en la pobreza y aportará a un mundo multipolar –estiman–, equilibrio y equidad.

A ritmo gradual, no exento de alteraciones impuestas por los efectos de la crisis capitalista global y las peculiaridades de un país con mil trescientos millones de habitantes, China marcha a su modo, continuando con la apertura económica iniciada hace poco más de treinta años –1978–, por quien ha sido considerado –y lo es todavía, después de muerto– “el arquitecto de las reformas”, Deng Xiaoping. Este fue quien impulsó el salto de la economía planificada a la economía de mercado, ambas bajo la dirección del Partido Comunista de China: he ahí el gran tema. Y el enigma. A punto tal que la más fuerte contradicción, no apenas teórica en una sociedad con cerca de ochocientos millones de pobres –reconocidos por el propio gobierno chino–, estriba en la pugna práctica entre dejar al libre mercado imprimir su sello: “el hombre como instrumento” y víctima, o, por el contrario, darle, como dijera Carlos Marx, la “Prioridad al hombre”.

Así lo piensa y escribe el profesor Chang Xiuze(1), en el Capítulo I del libro “Treinta Años de Reforma en China”. Xiuze, atento a las complejidades de China y el resto del mundo “globalizado”, concluye: “Lo que se plantea para la atención es que la economía de mercado de China sea una ‘economía de mercado’ de un país grande independiente y autodecisivo. Esta propiedad decide que China, por un lado, necesite ‘incorporarse’ a la globalización y, por otro, no pueda tratar de manera pasiva las reglas de juego. En China reza un antiguo refrán: ‘Los árboles pretenden calmarse, pero el viento no cesa’. China no puede jugar el papel de ‘árbol’ pasivamente, sino que debe tomar la iniciativa para jugar el papel de ‘viento’ y participar mediante fuerzas reales en la elaboración de las reglas de juego”.

Tales afirmaciones ponen en contradicho el simplismo intencional de economistas, politólogos y de los grandes centros informativos-comunicacionales occidentales, que ven y pretenden hacer ver que las reformas en China son, sin más ni menos, las sepultureras de toda variante “socialista”. Son la materialización, en el corazón de un intento por el “socialismo”, del “inevitable ingreso” al fin de la historia, como si esto último existiera más allá de la fiebre neoliberal. Hoy, más que ayer, el fin de la historia es una mentira tan en crisis como la propia crisis capitalista global, no circunscripta a un “desplome financiero”, sino a un verdadero caos civilizatorio, que propone el fin de la humanidad y el planeta, en medio de una creciente violencia: consecuencia de brutales desigualdades sociales, alienación consumista y el guerrerismo desatado en el pasado siglo, y en este, por EE.UU.

China es un final abierto, es verdad; el mundo todo lo es. Por ahora en China el Estado está fuertemente presente, con sus empresas –también reformulándose en la eficiencia– y con las líneas de políticas rectoras de un Partido Comunista que, a pesar de las innumerables presiones del mercado, no renuncia a ejercer controles a favor de las grandes masas atrasadas del campo y, en alguna medida, de las ciudades que no han alcanzado el desarrollo de Beijín y Shanghai  –más específicamente su área industrial y comercial de Pudong– y el sector costero de Shenzhen, donde está enclavada la Zona Económica Especial de toda China. Lugar donde hace tres décadas comenzara a inflarse el gran globo de ensayo de la “Nueva China”.

Una experiencia socialista-capitalista con identidad china, en la que el Estado y el Partido demuestran grandes bríos en la batalla de ideas y en la práctica de resolución, poniendo el acento en la importancia que se da –y debe desarrollarse “más científicamente todavía”– a las empresas estatales en los centros neurálgicos de la economía de propiedad estatal. Actualmente funcionan en China alrededor de 100.000 empresas estatales, unas 50.000 menos respecto de hace unos cinco años, pero con un crecimiento del activo de casi el 95 por ciento, concentrando su capital en áreas estratégicas.

A la fecha, “más del 80 por ciento del activo de la empresas centrales se concentran en los sectores de la petroquímica, de petróleo, energía eléctrica, defensa nacional, telecomunicaciones, transporte, minería, metalurgia y maquinaria”, según palabras del investigador Yu Ji(2), en un artículo en el que hace referencia a la experiencia china como la de “socialismo de mercado”. Experiencia con la cual muchos en China se sienten muy satisfechos, por el hecho de que ello ha permitido, hasta aquí, “sacar” a quinientos millones de habitantes de la pobreza.

La economía “socialista de mercado” impuesta a la planificada, no ha significado, como también se intenta hacer creer a través de determinados analistas occidentales, la condena política e ideológica de Mao Ze Dong. Sus imágenes y libros, sus aciertos y errores, adquieren vigencia más allá de los souvenirs que, con su figura, se venden por todas partes; porque se lo distingue como el máximo estratega de la lucha contra el feudalismo y el imperialismo; al mismo tiempo que se le reconoce su enorme tarea por la unidad nacional en un país con más de cincuenta etnias y ciento ochenta dialectos.

Imposible entonces, en aras de ser serios y de apelar a un mínimo de rigor científico, adelantar veredictos. Lo aconsejable parece ser tomar en cuenta que de una filosofía milenaria emerge, en esta etapa de feroz crisis del capitalismo globalizado, una fuerza que, sin dejar atrás el total de la planificación económica y el control de la dinámica del mercado, decide ser el “viento” que no cesa y no el “árbol” que se somete a aquél. Ir al tope

* Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas.

(1) Profesor titular, autor de doctorado, miembro de Comité Académico de la Comisión Estatal de Desarrollo y Reforma, profesor titular de la Academia de Investigación de Mracroeconomía, de la Comisión Estatal de Desarrollo y Reforma, jefe del equipo de expertos del Centro de Investigación y Desarrollo para los Grupos empresariales Chinos y Extranjeros y subsecretario general del Comité Académico de la Fundación Académica (Hong Kong ) de Economía de China.

(2) Director Adjunto de Buró de Política y Reglamento de la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales del Consejo de Estado, investigador titular y miembro permanente del Consejo de la Federación de Empresas Chinas.

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