Estados
Unidos/Connotaciones
Enseñar y aprender, igualmente importante
Raymundo Reynoso Vázquez
felap.info, Los Ángeles
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Hace un par de semanas, convocados por MEChA, Movimiento Estudiantil
Chicano de Aztlan, impartimos un taller sobre medios de comunicación
alternativa y terrorismo mediático en la Universidad de California
en San Diego. La actividad formó parte –junto con otros talleres que
abordaron una amplia gama de temas– de la edición 38 de la
conferencia anual organizada por el grupo universitario, formado en
su gran mayoría por mexicanos y chicanos.
Los Mechistas realizan esta actividad con la idea fundamental de
familiarizar a estudiantes de secundaria y preparatoria con el
entorno que prevalece en el mundo de los estudios superiores, pero
no sólo eso. Notables en su conferencia hay componentes que para
ellos son imprescindibles: lo político, lo social, lo cultural, lo
económico.
Esto no nos sorprende cuando sabemos que los muchachos y muchachas
de MEChA toman como referente el movimiento social y político que
estalló en diversos puntos de la Unión Americana a fines de los
sesentas y principios de los setentas, y en el que las y los jóvenes
mexicanos y chicanos de entonces fueron protagonistas de primera
línea en puntos como California y Texas, considerados por muchos
como parte del “México Ocupado”.
En aquel entonces, una de las reivindicaciones más destacadas en el
pliego petitorio de dicho movimiento era el acceso a la educación
superior en términos de equidad y en condiciones similares a las de
sus condiscípulos de origen anglosajón, reivindicación por la que
este sector sigue luchando.
En ese sentido, no es accidental ni casual el título de la
conferencia realizada en la ciudad portuaria de San Diego: “La Clave
para la liberación es la educación”.
En el programa de mano de la actividad se destaca una larga lista de
las exigencias de los jóvenes mechistas: “Queremos instalaciones
adecuadas y salones bien acondicionados”; “Se nos debe dar un trato
digno y no considerarnos un mero número en el sistema educativo”;
“Requerimos de más becas, libros de texto y tutores académicos, y
menos reclutadores de las fuerzas armadas que nos quieren mandar a
la guerra”.
Hugo González, presidente del comité organizador de la conferencia,
se refirió a esto durante el discurso de bienvenida a los más de mil
chavos y chavas de las escuelas secundarias y preparatorias
participantes:
“Nosotros afirmamos que para que nuestra raza y nuestros pueblos
sean realmente libres debemos tener acceso a una educación de
excelencia, pero no la que se basa en principios eurocentristas,
sino una que sea acorde a nuestra cultura y a nuestra historia. La
educación es parte de los derechos humanos fundamentales, y si el
sistema no se la proporciona a nuestros jóvenes, el compromiso de
MEChA es capacitar a nuestra gente en todos los frentes posibles”.
El dirigente universitario resaltó que este tipo de actividad –con
38 años ininterrumpidos la conferencia es una tradición en el sur de
California y cuenta con el concurso desinteresado de maestros, ex
alumnos y miembros de la comunidad- “se realiza por y para los
estudiantes de secundaria y preparatoria, y siempre la emprendemos
con la mística del esfuerzo colectivo y con la intención de que los
participantes salgan de este evento con algo más de conocimiento y
con algunas herramientas que les ayuden a alcanzar sus objetivos”.
González cerró la sesión plenaria con una cita de Salvador Allende,
“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta
biológica”, y con otra del subcomandante Marcos: “Disculpen las
molestias, esto es un revolución”.
Concluida la plenaria, el programa de actividades siguió con poco
más de cuarenta talleres concurrentes que cubrieron una diversidad
de temas, desde áreas directamente relacionadas con planes de
estudios hasta otros de alcance más abarcador como, por ejemplo, los
que abordan temas sociales y políticos –Seremos estudiantes, no
soldados; La Brutalidad policíaca, el sistema carcelario y nuestra
juventud; El Estudiante revolucionario, la organización juvenil y el
activismo– culturales –La Identidad indígena y chicana; El Arte en
la calle– y también varios sobre medios de comunicación.
Y un a propósito necesario. Los estudiantes pueden elegir a su
entera libertad en cual sesión participar.
Como mencionamos líneas arriba, nos tocó impartir un taller sobre
medios de comunicación alternativa y terrorismo mediático. Nuestro
material de apoyo fue un ensayo, De Regeneración a Radio Insurgente,
en el que hacemos un recuento histórico de medios alternativos de
comunicación mexicanos, y el libro Encuentro Latinoamericano vs
Terrorismo Mediático, consistente en 27 trabajos sobre el tema, y
resultado del encuentro que, con el mismo nombre, se llevó a cabo a
fines de marzo del presente en la ciudad de Caracas, Venezuela.
Es pertinente señalar que el rango de edades de los participantes en
esta conferencia es de los 13 a los 18 años, es decir, desde alumnos
de primer año de la secundaria, hasta los que están a punto de
graduarse de la preparatoria. Experiencias compartidas nos hacían
suponer que nuestra audiencia estaría formada por preparatorianos,
jóvenes a punto de ingresar a la Universidad. Pero no resultó así.
La treintena que acudió a la presentación resultó, digamos,
ecléctica. Adolescentes un tanto novatos a la par de jóvenes con
ciertas experiencias de vida.
Esto nos motivó a cambiar el método usual en este tipo de
presentaciones, es decir, exposición del tema seguido de una sesión
de preguntas y respuestas, por un diálogo que en retrospectiva
resultó productivo y satisfactorio. Por fortuna, el programa que
detallaba tema y contenido de los talleres a impartirse incluyó una
serie de mini biografías de personajes relevantes de la historia. La
comandanta Ramona y el subcomandante Marcos, del EZLN; el presidente
Salvador Allende; Paulo Freire y Frida Kahlo, y también el
presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Y esto se convirtió en el tema
de la sesión.
Para empezar, se planteó la pregunta de rigor: ¿Por qué vinieron a
este taller, que les motivó? Para nuestra sorpresa, dos adolescentes
ofrecieron pronta respuesta: “Queremos aprender cómo hacer nuestros
medios. No nos gusta lo que la prensa dice de nuestra gente y de
nuestra raza”. Bueno –se les respondió– de aquí no saldrán listos
para hacer eso pero si al menos comenzarán a adentrarse en el tema.
De allí, en esta secuencia se les pidió que comentaran algo sobre
cada una de las personalidades que aparecían descritas en el folleto
explicativo de la conferencia:
–¿Ramona? Una indígena de Chiapas que está luchando
por su pueblo–, dijo un muchacho.
–¿Frida? Una famosa pintora que se llama como yo–, respondió una casi niña.
–¿Marcos? Un líder de los zapatistas–, adelantó el mismo que identificó a Ramona.
–¿Hugo Chávez? Es un hombre malo–, gritó una jovencita sentada casi al fondo del salón.
Fue tan intempestivo el comentario que por un instante todos nos
quedamos callados. Momentos después, el muchacho que había
respondido con buen tino a las preguntas sobre los zapatistas
levantó la mano y pidió permiso para responderle a la joven. En
seguida, otras dos manos se alzaron con la misma intención.
Optamos por darle la palabra a quien le colgó el calificativo a Hugo
Chávez. Le pedimos a la joven –me llamo Paola, se identificó– que
ampliara su comentario y nos dijera en que basaba su afirmación.
“Eso es lo que dicen en la tele, y yo he oído también que ese señor
le está quitando sus cosas a la gente”, respondió Paola.
Dimos la palabra, entonces, a quienes la habían pedido. Fueron tres
–dos muchachos, una jovencita– quienes procedieron a hacer una
exposición breve, pero bien fundamentada, de lo que sabían del
proceso que experimenta Venezuela de una década a la fecha.
Hablaron de la Operación Milagro, de la educación al alcance de los
pobres, de la creación de centros de salud, de la promoción de
valores culturales propios. En fin. El trío de espontáneos, sin
faltarle el respeto a su compañera, le aportaron información, a su
modo y de igual a igual, de tal forma que el que esto escribe tal
vez no hubiese hecho mejor.
Les comentamos, claro, que es precisamente el terrorismo mediático
–publicando mentiras, promoviendo campañas de odio como ocurre en
Venezuela y en Bolivia, sobredimensionando hechos que buscan dañar–
el que utilizan las naciones imperiales para desacreditar a
dirigentes y personalidades que en otros puntos del planeta luchan
por reivindicaciones colectivas, por la autodeterminación, por la
mejoría integral para sus pueblos.
Se les pidió estar alertas ante las falacias que la prensa
corporativa difunde, y se les mostró como,
para tales fines, las naciones hegemónicas se valen de los
medios de comunicación a su servicio. Se les comentó que hoy por hoy
apenas un puñado de pulpos mediáticos controla lo que la mayoría de
la gente lee, escucha y ve, y de lo fundamental que para
contrarrestar esa tendencia es la creación de medios propios,
alternativos, consecuentes.
En ese rollo estábamos –ya con el ambiente de clase regular en la
que nos metimos no podía ser de otra forma– cuando otra mano se alzó
para preguntar:
–A ver, profe, ¿cuáles son esos pulpos mediáticos
que dice?
–Compañeritos, esa respuesta, y otras más, la van a encontrar
leyendo este libro,
Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático,
editado en Venezuela y de distribución gratuita, aportación del
pueblo venezolano para ustedes.
(AMATE)