Federación Latinoamericana de Periodistas
Actualizado:
Wilda Rodríguez, ex Presidenta de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico.
Wilda Rodríguez

presidió la Asociación de Periodistas
de Puerto Rico (ASPPRO) durante dos periodos en
la década
de 1980

Puerto Rico
Estamos en shock

Wilda Rodríguez
felap.info, Ponce
miércoles, 01 de abril de 2009

Hace meses vengo advirtiendo que se busca crear en Puerto Rico un ambiente de crisis y miedo exagerados que facilite la implementación de políticas económicas adversas a la clase trabajadora y favorables a la privatización y los grandes intereses económicos.

Cuando el gobernador Luis Fortuño anunció sus medidas para conjurar el alegado desastre, lo más innoble de su discurso fue promover una política económica fomentando la discordia en contraposición a la solidaridad de los puertorriqueños. Despedir a 30,000 empleados públicos le pareció una buena idea a todos los que no pierden su trabajo. “Si es lo que hay que hacer para que yo no sea el próximo en irme por el chorro, que así sea. Hay que salvar el país (léase me tengo que salvar yo)”. El argumento de que esa es la única solución a una crisis que amenaza con dejarnos a todos en la calle fue comprado por una mayoría con miedo. La misma que se ha creído el monto de un déficit duplicado publicitariamente y de una debacle de la que sólo nos salva la reducción de servicios estatales y la entrega de nuestros activos a las Alianza Público Privadas, la nueva modalidad de privatización solapada.

Para quienes han leído el libro de la periodista canadiense Naomi Klein –La doctrina del shock: el ascenso del capitalismo de desastre, esto no es nada nuevo. Lo curioso es que yo no he leído el libro. Llegué yo solita a mis propias conclusiones. Obvio es, sin embargo, que no somos las únicas víctimas, y mucho menos las primeras, de esta doctrina del shock. Lo realmente interesante es que la colega canadiense documenta su teoría de manera contundente hasta el punto de que su libro se considere uno de los mejores tratados de economía del siglo 21. Su propuesta es la respuesta progresista al ideólogo del neoconservadurismo del siglo 20 Milton Friedman –el neocon por excelencia. Para aquello de ser fiel a las definiciones, el neoconservadurismo no es otra cosa que el non plus ultra del neoliberalismo. Otra manera de llamar a la derecha de la derecha. Y Friedman, el papá de gobernantes de la talla de Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Augusto Pinochet y George Bush.

Milton Friedman fue Premio Nobel de Economía en 1976, no se equivoquen. Este economista republicano es el agitador de la globalización con su concepción radical de una sociedad donde las ganancias y el mercado lo impulsan todo. Friedman fue el súper defensor de las protecciones comerciales, la deregulación de los precios y la reducción de servicios estatales. Sus ideas son impopulares entre los trabajadores con consciencia porque generan desempleo y pauperización para sostener una clase pobre permanente y una elite cada día más rica.

Ahí es donde entra la teoría de la doctrina del shock. Como los pobres y los trabajadores no somos tan idiotas como para aceptar voluntariamente las barbaridades que propone Friedman –que por cierto, ya se murió–, hay que buscar la forma de convencerlos. Sometiéndolos un tratamiento de shock. La idea, lo adivinaron, surge de la terapia de shock para pacientes mentales que se puso de moda en los años 40 y 50 para conmocionar a los pacientes y llevarlos a un estado de regresión y obediencia. Pero en lugar de un shock eléctrico individual, aplicamos un shock colectivo que deje pasmados y dóciles del miedo sociedades completas. Cualquier desastre sirve: guerras, golpes de estado, desastres naturales agrandados, quiebras económicas creadas artificialmente, actos terroristas. Un trauma colectivo que nos hace entrar en estado de shock y volvernos vulnerables y propensos a seguir líderes que afirman protegernos. “Solamente una crisis real o percibida produce cambios verdaderos”, dijo Friedman.

Me dicen que Klein es una monstra. Realizó una labor de periodismo investigativo exhaustiva para probar que las políticas de libre mercado impulsadas por Friedman se encumbraron por ejemplo en países como el Chile de Pinochet después del golpe de estado contra Allende, la Inglaterra de Margaret Thatcher después de Las Malvinas, Rusia bajo Yeltsin, y hasta tan reciente como Estados Unidos después del 9-11 en Nueva York y Katrina en Luisiana, y en Irak bajo el gobierno provisional. Se encumbraron no porque fueran populares y democráticas sino porque fueron empujadas mientras los ciudadanos reaccionaban a desastres. Propone que los desastres pueden ser creados como método de shock para imponer reformas en crisis que de otra manera serían rechazadas de plano por los pueblos. Que las catástrofes nos ablandan y los políticos aprovechan para imponer de golpe las políticas más dolorosas (¿les suena esto?) en favor de las elites económicas. Una técnica genial de sometimiento.

Leí en el internet que en su libro la Klein habla de los “perdedores” y de los “ganadores” de esta doctrina. Los ganadores viven en comunidades lujosas con control de acceso y los perdedores en lugares donde decae la infraestructura y los salarios, mientras el desempleo se dispara. Cualquier parecido no es pura coincidencia.

Estoy loca por leer el libro de Noemí para los detalles. Pero la verdad es que no tiene que hacer mucho para convencerme. Ustedes y yo estamos teniendo nuestra propia dosis de la doctrina del shock.

Por suerte, el mal tiene su antídoto: la información es la mejor forma de resistencia a la doctrina del shock según las conclusiones de la propia Klein.

Se me ocurre que eso pudo haber pasado el viernes pasado cuando 12 puertorriqueños informados reaccionaron y despertaron del shock que desestabilizó su gobierno e impuso nuevos gobernantes. A ver como logramos informar y sacar del shock al resto de los 4 millones. Voy a empezar leyéndome el libro a ver si aprendo algo y se lo recomiendo a Aníbal Acevedo Vilá para que entienda lo que le pasó, si no lo ha entendido todavía. Ir al tope

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