Puerto Rico
Estamos en shock
Wilda Rodríguez
felap.info, Ponce
miércoles, 01 de abril de 2009
Hace meses vengo
advirtiendo que se busca crear en Puerto Rico un ambiente de crisis
y miedo exagerados que facilite la implementación de políticas
económicas adversas a la clase trabajadora y favorables a la
privatización y los grandes intereses económicos.
Cuando el gobernador
Luis Fortuño anunció sus medidas para conjurar el alegado desastre,
lo más innoble de su discurso fue promover una política económica
fomentando la discordia en contraposición a la solidaridad de los
puertorriqueños. Despedir a 30,000 empleados públicos le pareció una
buena idea a todos los que no pierden su trabajo. “Si es lo que hay
que hacer para que yo no sea el próximo en irme por el chorro, que
así sea. Hay que salvar el país (léase me tengo que salvar yo)”. El
argumento de que esa es la única solución a una crisis que amenaza
con dejarnos a todos en la calle fue comprado por una mayoría con
miedo. La misma que se ha creído el monto de un déficit duplicado
publicitariamente y de una debacle de la que sólo nos salva la
reducción de servicios estatales y la entrega de nuestros activos a
las Alianza Público Privadas, la nueva modalidad de privatización
solapada.
Para quienes han
leído el libro de la periodista canadiense Naomi Klein –La
doctrina del shock: el ascenso del capitalismo de desastre, esto
no es nada nuevo. Lo curioso es que yo no he leído el libro. Llegué
yo solita a mis propias conclusiones. Obvio es, sin embargo, que no
somos las únicas víctimas, y mucho menos las primeras, de esta
doctrina del shock. Lo realmente interesante es que la colega
canadiense documenta su teoría de manera contundente hasta el punto
de que su libro se considere uno de los mejores tratados de economía
del siglo 21. Su propuesta es la respuesta progresista al ideólogo
del neoconservadurismo del siglo 20 Milton Friedman –el neocon
por excelencia. Para aquello de ser fiel a las definiciones, el
neoconservadurismo no es otra cosa que el non plus ultra del
neoliberalismo. Otra manera de llamar a la derecha de la derecha. Y
Friedman, el papá de gobernantes de la talla de Ronald Reagan,
Margaret Thatcher, Augusto Pinochet y George Bush.
Milton Friedman fue Premio Nobel de Economía en 1976,
no se equivoquen. Este economista republicano es el agitador de la
globalización con su concepción radical de una sociedad donde las
ganancias y el mercado lo impulsan todo. Friedman fue el súper
defensor de las protecciones comerciales, la deregulación de los
precios y la reducción de servicios estatales. Sus ideas son
impopulares entre los trabajadores con consciencia porque generan
desempleo y pauperización para sostener una clase pobre permanente y
una elite cada día más rica.
Ahí es donde entra la teoría de la doctrina del shock.
Como los pobres y los trabajadores no somos tan idiotas como para
aceptar voluntariamente las barbaridades que propone Friedman –que
por cierto, ya se murió–, hay que buscar la forma de convencerlos.
Sometiéndolos un tratamiento de shock. La idea, lo adivinaron, surge
de la terapia de shock para pacientes mentales que se puso de moda
en los años 40 y 50 para conmocionar a los pacientes y llevarlos a
un estado de regresión y obediencia. Pero en lugar de un shock
eléctrico individual, aplicamos un
shock colectivo que deje
pasmados y dóciles del miedo sociedades completas. Cualquier
desastre sirve: guerras, golpes de estado, desastres naturales
agrandados, quiebras económicas creadas artificialmente, actos
terroristas. Un trauma colectivo que nos hace entrar en estado de
shock y volvernos vulnerables y propensos a seguir líderes que
afirman protegernos. “Solamente una crisis real o percibida produce
cambios verdaderos”, dijo Friedman.
Me dicen que Klein es una monstra.
Realizó una labor de periodismo investigativo exhaustiva para probar
que las políticas de libre mercado impulsadas por Friedman se
encumbraron por ejemplo en países como el Chile de Pinochet después
del golpe de estado contra Allende, la Inglaterra de Margaret
Thatcher después de Las Malvinas, Rusia bajo Yeltsin, y hasta tan
reciente como Estados Unidos después del 9-11 en Nueva York y
Katrina en Luisiana, y en Irak bajo el gobierno provisional. Se
encumbraron no porque fueran populares y democráticas sino porque
fueron empujadas mientras los ciudadanos reaccionaban a desastres.
Propone que los desastres pueden ser creados como método de
shock para imponer
reformas en crisis que de otra manera serían rechazadas de plano por
los pueblos. Que las catástrofes nos ablandan y los políticos
aprovechan para imponer de golpe las políticas más dolorosas (¿les suena esto?) en favor de las elites económicas. Una técnica genial de
sometimiento.
Leí en el internet
que en su libro la Klein habla de los “perdedores” y de los
“ganadores” de esta doctrina.
Los ganadores viven en comunidades lujosas con control
de acceso y los perdedores en lugares donde decae la infraestructura
y los salarios, mientras el
desempleo se dispara. Cualquier parecido no es pura coincidencia.
Estoy loca por leer el libro de Noemí para los detalles. Pero la verdad
es que no tiene que hacer mucho para convencerme. Ustedes y yo
estamos teniendo nuestra propia dosis de la doctrina del
shock.
Por suerte, el mal tiene su antídoto: la información es la mejor forma de
resistencia a la doctrina del
shock según las conclusiones de la propia Klein.
Se
me ocurre que eso pudo haber pasado el viernes pasado cuando 12
puertorriqueños informados reaccionaron y despertaron del
shock que desestabilizó su
gobierno e impuso nuevos gobernantes. A ver como logramos informar y
sacar del shock al resto
de los 4 millones. Voy a empezar leyéndome el libro a ver si aprendo
algo y se lo recomiendo a Aníbal Acevedo Vilá para que entienda lo
que le pasó, si no lo ha entendido todavía.

www.felap.info