Argentina
A propósito del día de “la libertad de prensa”: Lucha
ideológica, lucha de intereses
Juan Carlos Camaño
felap.info, Buenos Aires
jueves, 07 de mayo de 2009
Durante casi dos semanas, desde el 8 de abril próximo
pasado, una delegación de la Federación Latinoamericana de
Periodistas (FELAP) visitó China: algunas de sus ciudades y
zonas de desarrollo económico. Se entrevistó con los
principales miembros de la Asociación Nacional de
Periodistas del país, con directores de diarios, radios,
agencias de noticias y medios televisivos. Y, en un
fructífero intercambio de ideas, que habrá de prolongarse en
futuros encuentros y actividades compartidas, escuchó a las
periodistas y a los periodistas de China cuestionar el rol
de la prensa occidental, por su insistencia en deformar y
mentir respecto de lo que piensa y hace China en este mundo.
Gran parte de la prensa occidental al referirse al rol de
los medios de comunicación chinos y al ejercicio de la
profesión, sostiene que “la libertad de prensa es
inexistente, a partir de que el Estado y el Partido
Comunista, digitan y manipulan la información”.
Después de haber estado en China, después de haber escuchado
a las y los colegas de dicho país explicar de qué se trata
su tarea y cuál es el rol de los medios, la FELAP no hizo
más que corroborar que, hoy como antaño, las luchas
ideológicas y políticas no han sido sepultadas, por más que
en los últimos treinta años el “pensamiento único” de los
dueños del dinero lo haya intentado con muchísimo ahínco y
repetidos crímenes masivos. Ahogando en sangre –periodistas
desaparecidos, asesinados, perseguidos– la libertad de
expresión de millones de personas, sometidas a injusticias,
comúnmente analizadas por la prensa de los dueños del dinero
como problemas del “desarrollo” y el “subdesarrollo”. Y como
consecuencias colaterales e “indeseadas” de la expansión
capitalista a escala global. Es decir, esto que tenemos: un
planeta al borde de su desaparición en pocas décadas más, y
a tres cuartas partes de la humanidad padeciendo diferentes
formas de miserias y epidemias, en medio de distintas
escalas de violencia, real y virtual.
“La libertad de prensa” es buena cuando acompaña la entrada
de las tropas de invasión a Irak, y transmite y retransmite,
con lujos de detalles, las bondades de la tecnología de
exterminio. “La libertad de prensa” es mala cuando, por
ejemplo –para citar tan sólo un ejemplo entre millones– los
medios de comunicación y las/os periodistas de China
explican y acompañan, hasta donde se lo entiende conveniente
a partir de los secretos de Estado, el despliegue posicional
en las aguas del Océano Índico, para controlar rutas de
petróleo que figuran en el mapa del insaciable deseo del
Pentágono y de sus medios de comunicación, defensores de la
“libertad de prensa”.
La
idealización de la “libertad de prensa” en
abstracto es, convengamos, una mojigatería. Sigue sin
ser ociosa la pregunta: ¿libertad de prensa para qué, para
quiénes?

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