Ecuador
El manejo doloso de las fuentes de información
Alberto Maldonado S.
felap.info, Quito
jueves, 25 de junio de 2009
En el viejo periodismo informativo, las fuentes de
información fueron un pilar de la noticia.
Se decía entonces que una fuente informativa confiable le da
veracidad a la información. Y ponían el ejemplo: si algo
informa el alcalde de la ciudad es mucho más creíble que si
informa lo mismo, uno de sus incondicionales.
Además, agregaban otra condicionalidad: los asuntos
informativos, por lo general, tienen dos o más puntos de
vista, a veces diametralmente opuestos. Por lo tanto, el
periodista ecuánime y honesto, debe requerir (cuando no
buscar) por lo menos, los dos lados de la noticia. Esta
práctica determinaba cierta imparcialidad, cierta seriedad,
del periodista y del medio.
El viejo periodismo informativo hacía en sus textos, una
excepción: el derecho a mantener en reserva la identidad de
la fuente si daba cierta información “delicada” que provenía
de algún actor o actora que podía ser objeto de
retaliaciones o sanciones, si se la citaba como tal. Esta
obligación ética no quería decir que el periodista tenía
licencia para lanzar cualquier afirmación que no podía ser
debidamente sustentada, a pretexto de reales o supuestas
fuentes anónimas.
En la historia del periodismo práctico, el de todos los
días, se recurrió a esta obligación ética en el mundo
entero. Medios de comunicación
impresos adquirieron fama de serios y valientes,
denunciando hechos políticos, económicos y sociales; y se
dieron casos de periodistas que prefirieron la cárcel, antes
que denunciar a sus fuentes.
Un periodismo informativo descarado
Eran los tiempos de un periodismo informativo (y de opinión)
que quería ser (o por lo menos parecer) serio, responsable,
objetivo; un periodismo de alta confiabilidad, de ética,
porque ese tipo de periodismo informativo ciertamente
pretendía ser imparcial; aunque la tendencia a
la noticia favorable hacia determinado sector o tesis
ya se daba, pero en forma disimulada, casi imperceptible.
Digo esto porque el manejo de las fuentes informativas es,
desde hace décadas, uno de los recursos más socorridos de
los medios para tratar de darle una u otra dirección a la
noticia. Y en estos tiempos, aquello ya es descarado.
Hace décadas, el CIESPAL (cuando hacía investigación de la
comunicación en serio) descubrió que en el Ecuador no
pasaban de 300 las fuentes de información que todos los
días, opinaban, informaban, cuestionaban respecto del día a
día noticioso. Cuando se hizo la investigación, los medios
impresos imponían prácticamente el periodismo informativo;
la radio estaba en proceso desarrollo aunque por
limitaciones económicas muy pocas estaciones podían
financiar espacios noticiosos propios; y la televisión, con
todo su poder de imagen y sonido, estaba por llegar e
imponerse.
Hoy en día, aunque no se ha investigado este escenario, el
número de fuentes informativas “confiable” no debe ser mayor
a los 300 aunque la población perceptible se ha triplicado;
y, los hechos y escenarios,
no solo que se han triplicado sino que se han
quintuplicado. Hay fuentes que deambulan por prensa escrita,
radio y televisión, diciendo sus “verdades” que
invariablemente son las verdades del sistema imperante y que
“no admiten discusión”. Hay fuentes que “se han
especializado” en el diarismo, otras que lo hacen a través
de la televisión; y unas terceras
por las estaciones radiales.
Y aún cuando los medios privados pretenden seguir siendo
“imparciales, independientes”
sus fuentes de información desmienten esta
pretensión. Es fácil, en cualquier medio, determinar esta
práctica; una práctica que, desde luego, alterna con fuentes
de información eventuales, dispersas, circunstanciales.
Por cierto, esta práctica es más notoria (más descarada
diría yo) en unos medios que en otros, especialmente en los
puntos importantes de la información (económicos, políticos,
estructurales) Como escuché decir a alguien, “el pueblo solo
aparece en la crónica roja o en la pornografía barata” como
fuente de información.
Pongamos por caso el llamado “riesgo país” que es un
“medidómetro” inventado por el sistema imperante (el
neoliberalismo) para hacernos creer que un país (Ecuador,
por ejemplo) en la medida en que “cumple” sus compromisos
(pagar la deuda externa religiosamente, vender a la empresa
privada a precio de huevo pasado sus servicios y sus
recursos naturales, garantizar la llamada “seguridad
jurídica”, mantener una caudalosa reserva monetaria, en el
exterior) está en mejor situación, especialmente para
renovar créditos, para hacerse de nuevas obligaciones, para
garantizar sus mercados exteriores. Esto (y más, mucho más)
a pesar de que por lo menos en las experiencias de los
países llamados del tercer mundo, no les ha servido sino
para irse más y más abajo, de manera especial en el
cumplimiento de sus obligaciones sociales.
La táctica es la repetición una y mil veces de estas
verdades, de fuentes de información, analistas, expertos que
dicen sus verdades sin derecho a discusión. Por ahí (para
disimular) los medios del sistema que aún pretenden ser
imparciales, objetivos, intercalan algún criterio en contra
o por lo menos cuestionador. Pongamos por caso, una página
dominical de cartas a la redacción que publica el diario
El Comercio: de
diez, nueve son a favor de tal o cual tesis; y unida, por
ahí, en contra. La misma táctica opera informativamente.
A nivel internacional, esta objetividad viene operando desde
hace tiempos. ¿Recuerdan ustedes todo lo que dijeron y
afirmaron los medios desde el triunfo de la revolución
cubana? ¿Quiénes lo dijeron? Pues unas fuentes “confiables”
que preferían su anonimato por razones de seguridad propia o
de sus familiares. Según esas informaciones Cuba había sido
convertida en un infierno, en donde estaba todo restringido,
la gente ya no tenía qué comer. Desde luego, en Cuba no ha
quedado ni pizca de la llamada libertad de prensa, peor de
la democracia. Es una gran cárcel de la cual todos quieren
salir.
La realidad cubana es diametralmente distinta a la que
durante décadas han “informado” las llamadas fuentes
confiables del exilio y “disidentes” desde dentro de la
isla. La “realidad real” de Cuba dice que, a pesar del
bestial bloqueo imperial que ya va para el medio siglo, de
las agresiones terroristas, de las limitaciones sin fin
propias de un país pobre pero digno, pues Cuba ha logrado
estadísticas en salud, en educación, que son superiores
inclusive a países desarrollados. En Cuba, nadie se acuesta
con el estómago vacío. Y, como dicen los cubanos y cubanas,
en Cuba, el último periodista asesinado fue el ecuatoriano
Carlos Bastidas, quien fue victimado por un sicario de la
feroz dictadura de Fulgencio Batista, meses antes de que
triunfara la revolución (enero 1/1959)
Desde luego, la gran prensa tiene fuentes de información
abundantes, sobre estas realidades; pero, no son
“confiables” para el sistema. En cambio prefieren “fuentes
anónimas” que dan a conocer exactamente lo contrario. Y que
muchas veces son invenciones, mentiras, a título de fuentes
bien informadas, personas que no quisieron identificarse,
etc...
El mismo tratamiento está siendo aplicado en Venezuela, de
Hugo Chávez; en Bolivia, de Evo Morales; en Ecuador, de
Rafael Correa; en Nicaragua, de Daniel Ortega. Pelucones del
“nivel” de Mario y Álvaro Vargas Llosa, José María Aznar,
Vicente Fox, Plinio Apuleyo y una docena más, recorren
nuestros países, una y otra vez, anunciándonos el
apocalipsis si continuamos con nuestro ensayo del socialismo
siglo 21. Desde luego,
tienen asegurado gran despliegue de espacios
informativos y de opinión. En cambio, pronunciamientos,
declaraciones de los líderes del cambio, en el mejor de los
casos, ameritan unas pálidas noticias en página
indeterminada o menciones muy breves en los medios
audiovisuales.
Y cuando algún gobernante, hastiado de tamañas
desinformaciones y manipulaciones,
topa con alguna disposición legal olvidada a algún
medio que ya ha sobrepasado la línea de tolerancia extrema,
pues entonces se monta el escándalo: Chávez es enemigo de la
libertad de expresión, Correa está atentando contra la
libertad y la democracia al enjuiciar al Canal 4
Teleamazonas, Evo ha insultado a un periódico separatista.
Y hay que reconocerles que en esto de los escándalos y los
shows mediáticos tienen mucha experiencia, saben
victimizarse y aprovechar al máximo las circunstancias que
se dan en torno a un dilema insalvable: si el gobernante
toca al medio, entonces es un enemigo de la libertad de
expresión, no alguien que simple y llanamente aplica la ley
vigente. Si permite estas y otras licencias e impunidades,
entonces saben que es un blandengue, que puede seguir
aplicando el
pendejómetro y que a la final defienden a capa y espada
el sistema, tal cual.
(Quito, junio
23/2009)

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