México
Las lecciones de un virus: Desajustes de la influenza
Salvador del Río
felap.info, México, D.F.
miércoles, 17 de junio de 2009
La aparición del virus AH1N1, una cepa nueva o una modalidad
de la milenaria influenza, convertida en gripe estacional,
ha traído para México –escogido por azar como el hogar
inicial de este microorganismo–, desde la ocasión para
proclamar al gobierno de Felipe Calderón nada menos que
defensor de la humanidad, hasta la paranoia patriotera de
reclamos al exterior con la consecuencia de problemas y
desajustes diplomáticos con los países cuyas medidas
preventivas han sido interpretadas como vejatorias y
discriminatorias para los mexicanos.
La relación de México con la Organización Mundial de la
Salud en el desarrollo de la epidemia ha ido de dos
prudentes reproches al gobierno por no haber respondido
oportunamente a los avisos de la presencia del virus en
territorio mexicano, al obligado reconocimiento de la
efectividad de las acciones para contener el avance del
virus y evitar en lo posible su propagación a otras
regiones. Sin duda, la OMS optó por el olvido y la acción en
vez de señalar culpables de negligencia.
El 23 de abril, casi una semana después de la visita del
presidente de Estados Unidos, Barak Obama, la secretaría de
Salud del gobierno federal reconocía que los casos
registrados por el gobierno de la ciudad de México –emanado
de la oposición del Partido de la Revolución Democrática–, a
los que dos días antes había calificado como esporádicos y
no significativos de epidemia.
Declarada ya la emergencia sanitaria, la propia OMS, en dos
ocasiones
informó haber llamado la atención al gobierno de México de
dos casos comprobados de influenza hasta entonces llamada
atípica, uno en Perote, Veracruz, y otro en Oaxaca. El
gobierno de México respondió que no se trataba de brotes del
mal.
Fue en el curso de la aplicación de las disposiciones
preventivas cuando se registraron acontecimientos que
irritaron a la administración de Felipe Calderón. Cuba
primero, después Argentina, anunciaron la suspensión
temporal de los vuelos procedentes de México; el presidente
de Francia, Nicolás Sarkozy proponía a todos los países de
la Unión Europea adoptar semejante determinación, pero su
iniciativa, por mayoría de votos, quedó sólo en el
establecimiento de controles sanitarios en los aeropuertos
dirigidas a los pasajeros de los vuelos procedentes de
México. El caso considerado más grave por la administración
calderonista fue el de China. En Pekín, en Hong Kong y en
otras ciudades fueron retenidos unos ochenta mexicanos y
llevados a hoteles y otras instalaciones para dejarlos ahí,
en cuarentena. Las protestas del gobierno de México hablaban
de vejaciones y discriminación y a ellas siguieron las
órdenes para que un avión con matrícula mexicana se
dirigiera a varias ciudades de China para transportar,
repatriados, a los mexicanos aislados ahí. En medio de notas
diplomáticas y comentarios sobre un deterioro cercano a la
ruptura en las relaciones diplomáticas, China decidió enviar
también un avión para recoger y llevar a su país a unos
doscientos chinos que se encontraban en México.
En cuanto a las decisiones de Cuba y Argentina, en
declaraciones públicas el presidente Calderón las calificaba
asimismo como injustificadas y discriminatorias; en
comentarios cercanos a la presidencia se llegó incluso a
censurar al gobierno argentino por un supuesto acto de
ingratitud. En los años setenta, se decía, México –los
gobiernos anteriores a los conservadores panistas– dio asilo
a cientos de argentinos que buscaban refugio y protección
contra los gobiernos militares de la época.
En entrevista publicada en el diario
El País, de
España, la directora de la Organización Mundial de la Salud,
Margaret Chan, afirmó que cada país, de acuerdo con sus
condiciones específicas, toma sus propias decisiones frente
a epidemias como la de la influenza. Recordó los casos de
Nueva Zelanda y China. En el primero, dijo, “se puso en
cuarentena a los acompañantes de las personas que han
resultado infectadas”; Hong Kong, señaló, “es una comunidad
que tiene una elevadísima densidad de población, y es un
nudo internacional de las comunicaciones”. Y abundó: “Si a
estas personas que han estado en contacto con ese hombre que
estaba infectado se las deja viajar sin más, y todo va bien,
nadie va a protestar. Pero si sucede algo, la gente va a
empezar a criticar a las autoridades y a decir que Hong Kong
no ha hecho lo que tenía que hacer. A menudo es muy fácil
para la gente criticar que se ha actuado demasiado pronto,
demasiado tarde, que se ha sido muy estricto o se ha sido
muy laxo. Pero tenemos que entender la presión que sufre
cada país, cada autoridad sanitaria, y yo creo que Hong Kong
ha actuado de una manera rápida y adecuada a las
características de la ciudad”.
El Presidente Felipe Calderón insistía en tanto en su
afirmación de que México era objeto de un trato injusto. Y
en una verdadera pérdida de las proporciones, en tono casi
apocalíptico se permitió hacer un parangón de las acciones
de México en el caso de la influenza con la del general
Ignacio Zaragoza, defensor de la patria contra la
intervención francesa en la batalla de Puebla de 1862 y
aseguró que, en primera línea de combate, y encabezado desde
luego por su mandatario al frente de sus huestes sanitarias,
el país –su gobierno, pues–, ha “defendido a toda la
humanidad” del virus de la influenza.
Así, entre recriminaciones, excesos en la percepción del
ejercicio del poder, conflictos diplomáticos y una actitud
sospechosa de aprovechar la coyuntura para llevar votos a su
partido en las elecciones legislativas de julio próximo, el
gobierno ha determinado la virtual suspensión de la
emergencia por la presencia de un virus que, según la
experiencia de muchas epidemias en el mundo, podría
permanecer agazapado para cobrar nueva fuerza en el momento
menos esperado.

www.felap.info