Ni siquiera la teoría
del
péndulo
CNN en español: a la extrema derecha de la derecha hondureña
Juan Carlos Camaño
felap.info, Buenos Aires
lunes, 06 de julio de 2009
Recordemos: José Manuel
Zelaya Rosales,
presidente de Honduras, fue sacado de su
casa,
por la fuerza, durante la
madrugada del 28 de junio, y trasladado en avión, por
un comando de militares, encapuchados, a Costa Rica. Y he
aquí el comportamiento inicial de la CNN: notas editoriales,
comentarios y reportajes, todo, bajo un
título, cuando menos llamativo: “Destitución
forzada”. Para la CNN no hubo un golpe de Estado en
Honduras. ¿Qué tal?
La CNN vuelve a ser artífice de otra movida del manual de
ajedrez periodístico para principiantes. Y, por lo mismo,
detrás del título, grosero y grotesco, arremete con una
ristra de imputaciones a Zelaya, al igual que los golpistas,
acusando al mandatario de Honduras –quien jamás renunció a
la presidencia–, de “irregularidades y violaciones
constitucionales”. Periodísticamente, indigerible.
Ideológicamente, afín con el libreto extendido, aquí y en el
mundo, por las cadenas de información y comunicación
transnacionales, amarradas a la cáfila global dominante.
Lo de la CNN es una actuación periodística al servicio de
los golpistas, y, por carácter transitivo un servicio
comunicacional, de guerra sicológica, subordinado a
la contraofensiva de
las derechas latinoamericanas, dependientes del esquema –de
nuevas “guerras de baja intensidad” –, trazado por Estados
Unidos en el mapa de la actual crisis capitalista global, en
varios frentes. Léase, en el terreno económico-financiero,
el político y, muy especialmente, en el
social-civilizatorio, atravesado por diversos tipos de
violencias funcionales a la teoría del caos y a las
políticas represivas, implementadas contra los sectores más
humillados de la sociedad; contra los más desamparados;
contra quienes se rebelan e, incluso, contra capitalistas
despojados de sus privilegios por la dinámica voraz de un
poder más concentrado en la acumulación y “menos sensible” a
las demandas de una justa distribución de la riqueza.
En estos tiempos de guerra intercapitalista ya no alcanza
con la consigna implícita: todo el poder a los ricos, sino,
de aquí en más, y a cómo dé lugar, todo el poder a los más
ricos. Asistimos a las nuevas escalas del crimen, organizado
en las alcobas del poder real y no en sus arrabales, como se
lo quiere hacer creer. Y en tal escenario la CNN es cadena
de transmisión e instrumento activo del proceso de ataque y
amedrentamiento a quienes se oponen al ordeno y mando de los
dueños del mundo.
Entrevista la CNN a la iglesia hondureña y ésta recomienda
la paz a costas de que Zelaya no vuelva a Honduras.
Entrevista la CNN a politólogos –“internacionales”– de su
plantel, y éstos advierten que los partidarios de Zelaya
están infiltrados por grupos armados que responden a Cuba,
Nicaragua y Venezuela. Mañana, en otra lección del ajedrez
periodístico para principiantes, la CNN encontrará, en clave
de primicia, la computadora de “la conspiración contra los
golpistas” con las huellas dactilares de agentes cubanos,
nicaragüenses y venezolanos.
Transmite la CNN el debate dentro de la Organización de
Estados Americanos (OEA) y subraya, enfáticamente, las
recomendaciones del canciller canadiense y los
representantes
de Costa Rica y Estados Unidos, los que proponen que el
presidente Zelaya no retorne a Honduras para no exacerbar
los ánimos de “una sociedad dividida”. Y entre consultas y
más consultas a personajes alineados desembozadamente con
los golpistas y el elusivo palabrerío de EE.UU. al interior
de sus más altos rangos gubernamentales, la CNN no deja de
meter baza: “Zelaya venía siendo denunciado por no respetar
la constitución, cuando –entre otras cosas– se lanzó a hacer
una consulta al pueblo hondureño, que más tarde derivaría en
su reelección”. Cuestión que el propio Zelaya desmintió
rotundamente, mil veces.
En esta ocasión, que no es la primera, pero sí una de las
más descaradas, la CNN pasa al ataque, sostiene la ofensiva,
no apela ni siquiera a la teoría del péndulo: un poco para
los golpistas, otro poco para las víctimas de la
“Destitución forzada”. No. Nada. Decididamente a la carga.
Abandona, una vez más, su disfraz de “periodismo
independiente” y se lanza –cómplice de los encapuchados que
irrumpieron en la casa de Zelaya y su familia a punta de
fusiles–, a la contraofensiva desesperada de la derecha
latinoamericana, consciente de que en la región los nuevos
aires de independencia contagian, cada día más, a ciento de
miles de personas, hartas de hambre y mentiras. Aires que
despiertan conciencias y desnudan a los medios de
comunicación como lo que son: empresas económicas y
financieras que, por vía de distintas ramas de la
producción, penetran en la realidad social y cultural de
cada día, en las casas, las mentes y rutinas de miles de
millones de niños, mujeres y hombres.
La CNN se juega, sin careta, en la primera línea. Se sube,
ahora en Honduras, al carro de los golpistas, como lo
hiciera a los tanques de guerra que, a sangre y fuego,
ingresaron en Bagdad para “decir la verdad y nada más que la
verdad” sobre un tal Saddam Hussein. Aunque tiempo después,
con otro estilo y otro énfasis –cuando las evidencias sobre
masacres y torturas a manos de las “heroicas” tropas de
EE.UU. fueron indisimulables–, se desmarcara suavemente
–apelando a la desmemoria periodística de muchos de sus
colegas– de las responsabilidades del holocausto, de corte
hitleriano, comandado por el criminal de guerra George W.
Bush, contra el pueblo musulmán.
El ayer y el presente de la CNN son periodísticamente
repudiables y humanamente abominables, más allá y más acá de
las derivaciones que adquiera la vida constitucional en
Honduras, y la realidad de un pueblo en el que la pobreza y
el desprecio hacia los más necesitados fue, durante décadas,
el resultado de las políticas aplicadas por Estados Unidos y
las oligarquías del “patio trasero”, en nombre de la
democracia y la libertad.

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