Guatemala
Robo de libertades
Ileana Alamilla
felap.info, Guatemala
martes, 06 de octubre de 2009
El gobierno de facto de Honduras cada vez más expresa su
esencia déspota y antidemocrática. Ha violentado el orden
constitucional, se han robado las libertades, incluidas la
de expresión y de prensa; reprimen a la población y tratan
con saña a las mujeres.
Esos usurpadores no acatan las leyes ni las garantías
fundamentales. Tampoco reconocen la legislación
internacional y el respeto debido a las sedes diplomáticas.
Se han enfrentado con todo contra todos. Una de sus primeras
acciones fue cercar a los medios independientes. La prensa
hondureña que no responde a los intereses de los empresarios
mediáticos que respaldan a los usurpadores fue atacada de
inmediato.
Las radios recibieron represalias de todo tipo: cortes de
electricidad, cercos, allanamientos, capturas, confiscación
de equipos. Los corresponsales de Telesur han sido
reiteradamente atracados y ahora la agresión sufrida por los
colegas Alberto Cardona y Rony Sánchez, corresponsales de
Guatevisión y Televisa, los retrata de cuerpo entero.
El contexto es correspondiente con el autoritarismo
golpista, ya que los colegas cubrían el cierre de dos medios
de comunicación, el Canal 36 de televisión y Radio Globo.
Los agredidos denunciaron los golpes que recibieron y el
daño que hicieron los policías a la cámara de televisión con
la que habían grabado.
El Gobierno guatemalteco reaccionó de manera correcta. El
vicepresidente Rafael Espada, en funciones presidenciales,
fijó la posición oficial en términos de repudio y condena a
la agresión. Esta posición se envió a la ONU, a la OEA y a la CIDH. El mismo embajador
permanente guatemalteco en
la OEA
lo dio a conocer en una sesión extraordinaria del Consejo
Permanente. El procurador de los Derechos Humanos
guatemalteco también se pronunció al respecto, en respaldo a
los periodistas agredidos.
Es de esperarse una condena continental y mundial y que se
aumente la presión sobre los golpistas para que se
restablezca el orden democrático en Honduras.
Esta violencia autoritaria nos debe servir aquí para
reflexionar sobre la defensa, a veces descarada y otras
encubiertas, que han hecho los sectores conservadores sobre
los sucesos en Honduras.
Pese a la casi unanimidad mundial que respalda y promueve la
vuelta a la democracia, incluido Estados Unidos, que en
otros tiempos apoyaba estas acciones, en nuestro país esos
sectores se han esforzado en justificar las acciones
ejecutadas por Micheletti y seguidores. Esta obcecada
posición está motivada por el terror “antipopulista” que
tienen y el pánico al “diablo” Chávez, cuya influencia creen
descubrir en cualquier manifestación social o política de
orientación popular. Temen tanto al “contagio” que
justifican cualquier acción que tienda a prevenirlo.
Cuando las oligarquías en América Latina recurrieron a los
militares para, según ellos, salvar las democracias frente
al fantasma comunista que veían en los movimientos
revolucionarios o populares, siempre el resultado fue la
represión, la violación a los derechos humanos y la
instauración del militarismo.
Las
excentricidades de Manuel Zelaya y su giro discursivo hacia
la defensa de los intereses populares ha alertado a los
conservadores criollos, al punto de simpatizar y aun
defender esa opción golpista, pero con todo lo sucedido,
¿podrán aún apoyar a esos ladrones y usurpadores de la ley,
el orden y las libertades?

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