México
Expresiones del ciudadano Echeverría: El estallido social
está ahí
Salvador del Río
felap.info, México, D.F.
jueves, 25 de febrero de 2010
Si el atentado a jóvenes en Ciudad Juárez no fue producto de
lucha entre delincuentes, entonces es terrorismo
En Tijuana, el ex presidente de la República Luis
Echeverría lanzó una advertencia que, proveniente de quien
ocupó la jefatura del Estado, está sin embargo presente en
la percepción de no pocos sectores de la población: el país
se encuentra a un paso de un estallido social y así puede
ocurrir “si no se atienden y resuelven los problemas de
fondo que existen actualmente”.
Horas antes de su estancia en la ciudad donde fue
asesinado Luis Donaldo Colosio –un crimen en torno al cual
se espera aún se haga justicia, dijo–, Echeverría había
acudido a Magdalena de Kino, Sonora, a expresar sus
condolencias por el fallecimiento del padre de quien fuera
candidato de su partido a la Presidencia de la República.
Si para algunos la presencia y las expresiones del ex
presidente constituyen un retorno a la escena pública, lo
cierto es que Luis Echeverría, al margen de la política
activa cual conviene a la discreción que debe mantener un
antiguo mandatario, como ciudadano tiene el derecho a
observar y comentar en plena libertad el devenir de la vida
del país.
En el libro
Conversaciones en San Jerónimo, de la autoría de quien
esto escribe, Echeverría hace una serie de análisis profundos no sólo de su
administración sino de las circunstancias históricas de los
gobiernos de la Revolución, uno de los cuales él representó,
y de las previsiones de lo que, con la visión de su
experiencia, ocurriría en el país.
Una de ellas es precisamente lo que ahora Echeverría
manifiesta: la posibilidad de un estallido social como
efecto inevitable de dos carencias fundamentales que él
señala: el desempleo producto de un desequilibrio económico,
una injusticia estructural que ha generado el doloroso éxodo
obligado de millones de mexicanos en busca de trabajo en el
exterior, y la falta de un sistema de educación que permita
a las nuevas generaciones el acceso a las oportunidades para
su desarrollo.
A diferencia de otros ex presidentes de México
–intervención abierta o solapada en la política, afanes
protagónicos, declaraciones ambiguas seguidas de
retractaciones–, la postura de Echeverría puede considerarse
la justa: presidente en el retiro pero no por ello relegado
a un silencio absoluto, sobre todo cuando, con el derecho
que asiste a todo ciudadano, observa y comenta que, en la
actual coyuntura, se avecinan para México “días negros en
todos los sentidos”.
Destaca entre las declaraciones del ex presidente
–primero en el monumento al general Rodolfo Sánchez Tabeada
y luego ante grupos de estudiantes tijuanenses– su
afirmación respecto al riesgo de un estallido social, que
tendría
diferentes características, pero que –si bien no lo
explicita– ya está presente en la realidad del México
actual.
No otra cosa son algunos signos identificables como
una reacción, organizada o espontánea, del descontento, la
zozobra y la protesta en diversos sectores de la población.
El Presidente Felipe Calderón acudió el jueves pasado a
Ciudad Juárez para anunciar una nueva estrategia en el
combate a la delincuencia.
Días antes, al ofrecer disculpas por las expresiones
del propio Calderón respecto a una rivalidad entre pandillas
ligadas al crimen organizado, el secretario de Gobernación,
Fernando Gómez Mont, había aclarado que las víctimas del
ataque armado en un barrio de esa ciudad eran en realidad
estudiantes destacados y deportistas. No eran delincuentes.
Al expresarlo así, el secretario Gómez Mont se reservó una
posible respuesta a la pregunta que surge: si las víctimas
no eran delincuentes, entonces el ataque tiene otras
características: es terrorismo, es la voluntad de
desestabilizar las instituciones, como ocurre con otras
acciones de la violencia situadas en el lindero entre el
delito puro y simple y una serie de acciones que buscan
atacar al estado mediante el terror.
Que el país está al borde de un estallido social es
evidente, o tal vez ya está en él. Las movilizaciones de
grupos como los electricistas que han quedado en el
desempleo; la lucha de los mineros en huelga en Cananea,
cuna del sin sindicalismo revolucionario, las desapariciones
forzadas de militantes de grupos armados, los atentados a
periodistas, las manifestaciones callejeras en aumento, son
síntomas de un descontento social que está desembocando ya
en el estallido social que el ex presidente Luis Echeverría
prevé, como lo siente una población a la que se niega, con
cada vez mayor ceguera y obstinación, la oportunidad de
acceso a la justicia social.

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