México
Contraofensiva en defensa de Cuba frente a campaña mediática
internacional
Ángel Guerra Cabrera
felap.info, México, D.F.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Una carta sumándose a la feroz campaña subversiva contra
Cuba se difunde con la firma, entre otros, de intelectuales
de ultraderecha como Vargas Llosa, un agente de la CIA y un
ex policía de la dictadura de Batista que se las dan de
escritores y algunos artistas de valía, ojalá que mal
informados.
Por estos días se cumplen siete años de un intento de
desestabilización semejante por parte del gobierno de Bush,
finalmente derrotado por la firmeza del pueblo cubano y una
ola de solidaridad internacional. Al mismo tiempo que miles
de misiles llovían sobre Bagdad y las principales ciudades
de Irak como preludio de una ocupación que le ha arrancado
un millón de vidas e impuesto inenarrables sufrimientos a la
nación árabe, desde Washington se daban los pasos para
justificar a renglón seguido una intervención militar en
Cuba.
El pretexto sería una ola de migrantes ilegales cubanos
intentando atravesar el Estrecho de La Florida. También como
ahora la Unión Europea hacía el mandado a Washington y se
rasgaba las vestiduras por la supuesta violación de los
derechos humanos en Cuba en una actitud colonial,
injerencista y mentirosa al igual que la mencionada carta.
No hay nada más desvergonzado que acusar al gobierno
cubano de torturar o suprimir físicamente a sus opositores
puesto que, a diferencia de lo que ocurre con otros muchos
países nunca se ha podido probar un solo caso de ese tipo de
prácticas en Cuba.
Volviendo al año 2003, entre el 19 de marzo y el 10 de abril
fueron secuestrados y desviados hacia Estados Unidos dos
aviones cubanos de pasajeros sin que ese país investigara a
los secuestradores ni los sancionara por sus delitos pero sí
confiscara las naves. Al mismo tiempo las autoridades
cubanas frustraban el plagio a mano armada de una
embarcación y neutralizaban el de una tercera aeronave. En
el cénit de la llamada guerra contra el terrorismo
secuestrar un avión de pasajeros era un delito grave excepto
si el aparato era cubano, entonces se convertía en un acto
de heroísmo.
En el periodo mencionado los servicios de seguridad de la
isla detectaban y neutralizaban 29 intentos de secuestros de
aviones y barcos con el objetivo de emigrar al país del
norte. Washington, por un lado estimulaba la emigración
ilegal de cubanos mediante una frenética campaña apoyada en
la singularísima ley que confiere a los nacionales de la
isla el derecho a regularizar su situación migratoria no más
poner los pies en territorio yanqui. Por el otro, había
reducido a la mínima expresión la entrega de visas a cubanos
a que lo obliga el convenio migratorio entre los dos países
con el fin igualmente de empujarlos a la emigración ilegal.
Como colofón, y en el colmo de la hipocresía y el cinismo el
mismo gobierno que realizaba esas acciones amenazaba con que
“no toleraría un éxodo masivo de balseros procedentes de
Cuba”.
Coincidentemente, los representantes diplomáticos de Estados
Unidos en La Habana mantenían una actitud conspirativa cada
vez más desfachatada y habían convertido a la Oficina de
Intereses de ese país en el estado mayor de la escuálida
contrarrevolución interna. Allí recibían instrucciones y se
fiscalizaba a los llamados activistas de derechos humanos y
periodistas independientes, la mayoría de los cuales recibe
dinero por sus patrióticos servicios, como se ha probado de
forma incontrovertible. Frente a la grave amenaza de un
zarpazo de Washington las autoridades cubanas encerraron a
un grupo de la quinta columna dirigida desde aquella oficina.
La campaña mediática contra Cuba, igual que ocurre ahora,
subía cada vez más de tono hasta que precisamente en México
se le puso un hasta aquí con aquel memorable artículo de
Pablo González Casanova en
La Jornada y la
histórica declaración “A la conciencia del mundo” de un
grupo de intelectuales mexicanos, luego apoyada por miles de
personas en el planeta, que denunciaba el peligro de una
inminente agresión contra Cuba. El gesto mexicano fue el
punto de giro hacia la contraofensiva de las fuerzas
populares y progresistas en América Latina e
internacionalmente, que terminó desmantelando la agresión
del imperio contra la isla.
Nuevamente González Casanova y otros destacados
intelectuales han lanzado un manifiesto “En defensa de Cuba”
cuyos argumentos demuelen la declaración del Parlamento
Europeo y seguramente recibirán un sólido apoyo
internacional. El pueblo cubano hará su parte.

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