Ecuador/Camino al XI Congreso
LA MIGRACIÓN DESDE LA
MITAD DEL MUNDO
José Camino Carrera
felap.info, Quito
sábado, 26 de febrero de 2011
La tradición migratoria latinoamericana que en
principio se enfocaba solamente hacia los Estados Unidos de
Norteamérica, por su cercanía y oportunidades, desde hace un
poco más de una década se trasladó hacia regiones más
lejanas, más allá de su propia vivencia y estilos: Europa.
Por un breve período y ante la necesidad de mano de obra,
Australia también fue destino de muchos latinos en busca de
nuevas y valiosas oportunidades aunque no logró
desarrollarse debido principalmente a la lejanía. La
perspectiva humana, su afán de salir adelante, de mejorar a
costa de inmensos sacrificios fue el impulso decisivo para
dejar su lar nativo dejando atrás sueños y vivencias propias
de su ser; de su mestizaje y ancestros.
En este ámbito, no solo los mexicanos, quizá por
su cercanía, vieron en el inmenso país del norte la
oportunidad para salir de pobrezas, de optar por el famoso
estilo de vida estadounidense, el tan nombrado “american
life”. Nacionales de otros países más al sur del río Grande
siguieron el camino trazado dejando atrás familias,
esperanzas y tradiciones tan propio de los latinoamericanos.
Si en determinado momento muchos latinos
alcanzaron su sueño sobrepasando lo inicialmente previsto,
los que llegaron atrás solamente obtuvieron abandono,
discordia, tristeza pues también la crisis llegó al gigante
haciendo peligrar su hegemonía y afectando su prestigio.
Esta crisis no miró solamente al pequeño, al más pobre y
desafectado, ingresó sin temor donde la opulencia hacía gala
de un gasto desmedido y sin límites. El más afectado, como
siempre, fue el migrante, el extraño, el que ponía su
esfuerzo y sacrificio al servicio de los grandes intereses.
El migrante de la mitad del mundo; el mestizo
latino heredero de dinastías bravas y luchadoras sintió el
efecto. Sus ilusiones se trastocaron en desesperación y
desesperanza. Se sintió abandonado por la vida. También
miles de ecuatorianos optaron por abandonar el país buscando
horizontes mejores aunque no es reciente esta migración,
data de hace muchos años pero se incrementa a partir de un
infausto suceso que marcó el destino de los compatriotas
allá en 1999: pésimas políticas sociales, desastroso y
equivocado manejo económico que desembocó en un
congelamiento bancario que arruinó no solo su vida sino de
la Patria toda.
Pero a diferencia de los hermanos mexicanos y de
otros lares, el ecuatoriano prefirió arriesgarse más lejos,
ya no sentía atracción por los Estados Unidos a pesar de la
cercanía y el antecedente de compatriotas que en buena época
llegaron a ese país. España e Italia fueron los escogidos.
Hasta allá llegaron con ilusiones y sueños renovados.
Esperanzados buscaron refugio en la lengua materna, en las
costumbres similares, en la historia y tradición que nos
cobijó. Un poco más allá, en la lontananza de la península
de la bota, del mediterráneo donde el sol y el mar asemejan
su tierra asentaron su anhelo. Ecuador lloraba a sus
emigrantes, no se conformaba con la desintegración familiar,
con al abandono de hijos, esposas, esposos, padres. Pero era
su destino y única salida a la crisis. La prosperidad, el
cambio económico no tardó en llegar en el nuevo país, no así
el cultural y social que los
afectaba sobremanera. Nunca fueron aceptados fácilmente en
una sociedad carente de solidaridad y humanismo. Fueron
excepciones los que aceptaron una nueva cultura dentro de su
sociedad cerrada y tradicionalista.
Mucho peor en la cerrada Italia donde las
rivalidades entre el norte y el sur hacía mella en el lado
más débil: el migrante. Signos xenofóbicos hacían su
aparición, las agresiones verbales, físicas y culturales no
se hacían esperar. A pesar de ello su valentía y necesidad
los obligó a seguir adelante venciendo dificultades e
incomprensiones. Un cálculo simple señala que cerca de dos
millones de ecuatorianos han salido desde la malhadada época,
la cifra exacta es difícil de cuantificar con claridad. Las
secuelas sí.
La afectación económica en los países europeos
detuvo la llegada de connacionales al viejo mundo.
Nuevamente se volvió la mirada al norte y los traficantes de
ilusiones aparecieron nuevamente. Mafias internacionales
empezaron a lucrar con la desesperación. Muerte, desilusión
y afectación económica causó la nueva oleada. Ciudades
abandonadas, pueblos fantasmas, localidades donde solamente
mujeres, ancianos y niños quedaban como muestra de una
salida a las necesidades. El alcoholismo, la drogadicción,
embarazos precoces, consumismo desmedido sentaban sus reales
en una sociedad desintegrada, frustrada en sus aspiraciones
y llena de necesidades.
Los efectos negativos no solo se ensañaban en
tierra firme; en el mar cientos de gentes morían en las
peores condiciones cuando las embarcaciones en que viajaban
naufragaban por su fragilidad o porque sencillamente eran
desaparecidas en el fondo de las aguas frías y tenebrosas.
Las mismas mafias coyoteras se encargaban de denunciar a “las
autoridades cómplices y corruptas” del traslado de miles de
ilusiones para su captura, deportación o muerte. La tragedia
de Tamaulipas es una muestra de ello, de lo que se conoce.
Hasta hora, meses después de ocurrido este lamentable suceso,
todavía se van conociendo a las víctimas ecuatorianas.
Específicas zonas del Ecuador han sido afectadas
por una migración indiscriminada. Los correos paralelos, los
bancos informales, las agencias de viajes han hecho su
agosto con la decisión de compatriotas de salir en busca de
mejores días. Bandas coyoteras nacionales e internacionales
destrozaron hogares e ilusiones, muchas veces a vista y
paciencia de autoridades corruptas e ineficaces. Lo
importante era hacerse ricos a costa de la pobreza de otros.
Esfuerzos gubernamentales y de organizaciones religiosas
facilitan el retorno de los desesperados por la vida,
ofreciendo programas de reasentamiento y facilidades para
establecer negocios, aunque no en la medida deseada.
Queda una conclusión a todo este drama: el mundo no ha respetado una
tradición migratoria. Muchos países se olvidaron del aporte
de los migrantes a su desarrollo. Muchos países han
aprovechado del esfuerzo, trabajo y contribución de gente
fuera de los migrantes. Hoy se desconoce su esfuerzo y
aporte. Por ello es necesario respetar la movilidad humana,
o, que cada país establezca políticas serias y consolidadas
para que su sociedad se sienta protegida y no recurra al
sueño fácil de buscar oportunidades en otros sitios.

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