Argentina/Camino al XI Congreso
ÁFRICA CONCENTRA LOS DEBATES DE LA CRISIS MUNDIAL
Julio C. Gambina
felap.info, Buenos Aires
sábado, 26 de febrero de 2011
Es un dato de la realidad que África concentra en
estas horas los debates sobre la coyuntura de la
crisis de la economía mundial. Es un hecho la crisis
egipcia, y la de los países vecinos del norte del
continente africano y del medio oriente, junto a los
temas y los desafíos que propone la reunión del Foro
Social Mundial (FSM) en Dakar, entre el 6 y el 11 de
febrero.
Lo que está en discusión en ambos casos, en la
crisis egipcia y la de sus vecinos, y en el debate
del FSM, es el proceso de alternativas y
emancipaciones. ¿Qué rumbo? ¿Hacia dónde se orientan
los acontecimientos? ¿Qué futuro para el orden
local, regional y mundial?
Está mencionado el problema en plural (alternativas
y emancipaciones) ante la ausencia de una sola
mirada de superación sobre la crisis de la economía
mundial, de los problemas específicos de cada país o
región, tanto como por una pluralidad de enfoques de
los diferentes actores sociales y políticos, de los
movimientos y sujetos que actúan en la coyuntura,
que son millones movilizados en Egipto para
desplazar al dictatorial y corrupto gobierno de
Mubarak, y unas cuantas decenas de miles en Senegal
(en representación también de millones), en el
cónclave mundial de los movimientos sociales que
pugnan contra la globalización capitalista y por
otro mundo posible. ¿Qué futuro para esas luchas y
discusiones concretas de estos días?
Por eso, EEUU y la comunidad internacional del poder
intenta cambios en Egipto sin ruptura de lo esencial,
la funcionalidad de la región a la acumulación
capitalista. Así, resulta imprescindible para los
pueblos la discusión asociada a las motivaciones y
prácticas sociales para considerar nuevos modelos
productivos y de desarrollo; necesidad agigantada
por la continuidad y profundidad de la crisis de la
economía mundial y el territorio del debate y el
conflicto actual, el sur del mundo.
El empobrecimiento es resultado del capitalismo
La continuidad de los efectos regresivos de la
crisis mundial, medidos en desempleo y miseria se
asocia a lo concreto del empobrecimiento de la
mayoría de la población africana, continente que
concentra el 20% del territorio mundial, un 16% de
la población global, más de 1.200 millones de
habitantes, y lidera todas las estadísticas de
empobrecimiento en el ámbito mundial, siendo una
tierra promisoria en recursos naturales o bienes
comunes. En el Informe de Desarrollo Humano 2010 del
Proyecto Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD se
puede observar como las pérdidas en el desarrollo
humano debido a la desigualdad son más altas en
África Subsahariana, Asia Meridional y los Estados
Árabes2.
El oro, los diamantes, el petróleo y la minería
concentran el interés de un territorio escasamente
explotado, donde el atraso se vincula a la
explotación de materias primas en condiciones
infrahumanas de sus trabajadores y una dependencia
de las inversiones del capital transnacional. El
resultado en materia de división internacional del
trabajo es conocido
por el balance comercial, de especialización
primaria en las exportaciones e importador de bienes
industriales ante un escaso desarrollo industrial
propio, además, concentrado entre los principales
países donde hoy el conflicto es visible. No muy
distinto de lo que ocurre en los países del sur del
mundo y que se manifiesta como modelo extractivo o
concentrado en la explotación de recursos primarios
en la región latinoamericana.
Las transnacionales buscan superar sus problemas de
rentabilidad, con mayor explotación de la fuerza de
trabajo y de los recursos naturales, sean en la zona
del Amazonas, en la Cordillera de los Andes, en el
territorio africano, o en cualquier lugar del
planeta que le provea los elementos imprescindibles
para el proceso de trabajo.
La información que hoy se procesa sobre el conflicto
en los países africanos se asocia a las
reivindicaciones democráticas y la presencia de
regímenes dictatoriales, mucho menos a las
discusiones económicas de un orden socioeconómico
funcional a las necesidades del capital
transnacional y el poder económico mundial. Por ello
resulta interesante que el FSM vuelva al territorio
africano. Antes, en el 2007 en Nairobi, y ahora en
Dakar, Senegal.
Más de 45.000 personas de todo el mundo se reúnen
para considerar el presente y pensar críticamente el
futuro. Entre los presentes en el cónclave destacan
los presidentes de Guinea (África al Sur del
Sahara), Alpha Condé, y el de Bolivia, Evo Morales.
Este será el onceno FSM, siendo muy distinta la
realidad del 2001 cuando la saga se inauguró en
Porto Alegre. La situación de ascenso neoliberal que
marcaba el cambio de siglo, del XX al XXI, contrasta
con el desconcierto que provoca la crisis mundial.
Es cierto que se agigantan las presiones de
liberalización de la economía mundial, tal como
revelan las conclusiones de la reunión de Davos la
semana pasada, al mismo tiempo que coloca en
discusión “el qué hacer” de los pueblos.
Es que las resistencias a la globalización
capitalista generaron una nueva situación,
especialmente en la América Latina, con renovación
de la lucha por el socialismo en Cuba y nuevas
significaciones en la lucha por el socialismo, que
emergen de los procesos venezolanos y bolivianos. A
ello se suma una diversidad de procesos difíciles de
sintetizar, donde el debate no termina de
sustentarse en términos anticapitalistas, para
situarse como mucho en una perspectiva discursiva
anti neoliberal. Es un rumbo que no termina de
generar las rupturas necesarias con la
institucionalidad generada en los 80´ y 90´. El ex
Presidente de Chile Ricardo Lagos sugiere que “Lula
se encontró con una estrategia impulsada por su
antecesor –Fernando Henrique Cardoso- quien, ya como
ministro de Hacienda introdujo el Plan Real hace
veinte años…”3 Más allá de la intencionalidad
política de Lagos por indiferenciar diferentes
momentos del desarrollo histórico del Brasil, lo
cierto es la continuidad de una institucionalidad
gestada bajo hegemonía neoliberal.
Un debate central en el seno del FSM se concentra en
la efectividad de la lucha política del movimiento
global contra el capitalismo. Una parte de la
conducción del movimiento ha sido efectiva hasta
ahora para limitar la capacidad de articulación de
una iniciativa política compartida. En ese sentido
se valora el intercambio y la horizontalidad de unas
relaciones mutuas entre los participantes. En aras
de esa concepción de aprendizaje y experiencias a
compartir, se resigna la posibilidad de acción
colectiva para transformar la agresiva campaña del
capital transnacional contra los trabajadores y los
pueblos del mundo. El empobrecimiento genera
experiencias de desarrollo alternativas y procesos
de emancipaciones, que deben articularse para una
acción común. El intercambio es insuficiente.4
¿Qué hacer con la hipoteca del endeudamiento externo?
Pese a los programas de disminución de la deuda
africana, de sus países más empobrecidos, la carga
de intereses y capital ahoga toda perspectiva de
superación del empobrecimiento africano. La
discusión sobre la deuda concentra buena parte de
las discusiones en Dakar. Los ejemplos
latinoamericanos serán de especial consideración,
especialmente el caso de la
auditoria ecuatoriana que devino en la anulación de
una parte de las deudas de ese país. El caso de la
negociación de la deuda argentina merece también
consideración, tanto por el largo proceso de
cesación de pagos (que favoreció la posibilidad al
crecimiento económico), como por la quita realizada
oportunamente, en 2005 y recientemente en 2010.
Claro que pese a los ejemplos mencionados, la
cuestión de la deuda subsiste y se convierte en un
instrumento de chantaje y condicionamiento de las
políticas locales. La mayoría de los países del sur
del mundo registran disminuciones relativas del
stock de deuda sobre el PIB, en el mismo momento que
ocurre lo contrario entre los países capitalistas
desarrollados.5 Todo indica que el costo de esa
situación es y será crecientemente transferido a los
países del sur del mundo, elevando la exigencia por
argumentar sobre el carácter ilegitimo e ilegal de
unas deudas largamente pagadas por los pueblos y que
deben ser anuladas.
El endeudamiento está asociado a los instrumentos de
disciplinamiento del poder mundial y por eso en el
FSM se discutirá qué hacer ante los organismos
internacionales, revitalizados por el G20 en la
coyuntura de crisis. Más específicamente se analiza
el tema del CIADI, destacando la política boliviana
de denuncia del vínculo de ese país con un ámbito
del poder mundial para canalizar las demandas de las
transnacionales sobre los países soberanos. En
rigor, no solo se trata de discutir al FMI, al Banco
Mundial, al CIADI u otros ámbitos del poder mundial,
sino de avanzar en perspectivas alternativas, caso
de la necesaria nueva arquitectura financiera a
escala global, donde el Banco del Sur u otras
iniciativas adquieren relevancia, tanto como el
debate que habilita la crisis sobre el fin de la
hegemonía del dólar y la necesidad de analizar
soberanamente, nacional y regionalmente los
instrumentos de intercambio validados
internacionalmente. Ello supone desde la
implementación de tributos globales contra la
especulación, la circulación de capitales; la
eliminación de los paraísos fiscales; y el
establecimiento de nuevas relaciones monetarias
contra el imperio del dólar o la guerra actual
propiciada por las monedas hegemónicas.
Egipto, su rebelión popular en el norte de África y
el debate en el FSM, atraviesan todas las
discusiones y reflexiones en torno al momento, del
cruce de la crisis y las posibilidades de
transformación social y económica. Es un debate que
se proyecta sobre la distribución del ingreso y la
riqueza socialmente generada, contra la desigualdad
y por resolver históricamente el desbalance de las
posibilidades del desarrollo económico contemporáneo
y las concretas condiciones de vida denunciada por
la FAO, donde 1.020 millones de personas del planeta
sufren hambre. La discusión es por la
democratización de la vida cotidiana y el orden
social vigente en crisis, del capitalismo en crisis.
Ello supone discutir qué hacer con los recursos
naturales o bienes comunes. ¿Qué hacer con el agua y
la tierra? ¿Quién los explota y cómo? ¿En beneficio
de quién o de quiénes? ¿Cómo se sustenta la vida de
las personas, las especies, para hoy y para el
futuro? ¿Qué posibilidad de cooperación, integración
y articulación de los pueblos del mundo para atender
la realidad de crisis y empobrecimiento?
La soberanía está en discusión. La soberanía
alimentaria, energética o financiera. La capacidad
de establecer un orden diferente al de la
explotación que hoy vive una de sus crisis y que
desafía a los trabajadores y pueblos del mundo a
construir una nueva realidad, que al decir del FSM
se manifiesta como el objetivo de “otro mundo
posible”.

(*) Profesor de Economía Política en la Facultad de
Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, UNR.
Profesor de posgrado en varias universidades
públicas de la Argentina y del exterior. Presidente
de la Fundación de Investigaciones Sociales y
Políticas, FISYP. Integrante del Comité Directivo
del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales,
CLACSO.
1 http://www.forumsocialmundial.org.br
2 Ver
figura 5.2, consultado el 6 de febrero de 2011, en:
http://hdr.undp.org/es/informes/mundial/idh2010/resumen/desigualdad/
3 Ricardo Lagos. Lula, el obrero
que construyó el país. Clarín domingo 6 de febrero
de 2011, página 32.
4 Emir Sader. El próximo Foro
Mundial y los eventos de Egipto. Página 12 del
Domingo 6 de febrero de 2011. Consultado el 6-02-11
en:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-161833-2011-02-06.html
5 Amplia información en el sitio del Banco Mundial:
http://datos.bancomundial.org