EL PERIODISMO ES CONVOCADO EN GUATEMALA A PRESERVAR LA VIDA
Juan Carlos Camaño
felap.info, Buenos Aires
jueves, 20 de octubre de 2011
Con la firma de Luís Ovalle, Jefe de Redacción del Centro de
Reporteros Informativos sobre Guatemala, CERIGUA, un extenso
y exhaustivo informe sobre la realidad de dicho país, y de
los medios de comunicación y los periodistas, fija con
contundente claridad qué ocurre en un fárrago de violencia,
silencios y muertes.
CERIGUA –miembro asociado de la Federación Latinoamericana
de Periodistas (FELAP)–, sostiene sus informes, que dan
cuenta de lo que pasa en Guatemala, en datos fehacientes y
en una historia –la propia– no sólo creíble por lo
comprobada en su
militancia en nombre de la justicia, sino en el
compromiso con los sectores más vulnerables.
Al describir lo sucedido en el primer semestre de este año,
CERIGUA afirma, refiriéndose al contexto país, que se trata
de “un funesto escenario”. Terminante. Sin eufemismos.
El informe recuerda que el conflicto armado en Guatemala “duró
treinta y seis años”. Y agrega que: “dejó al menos 200.000
asesinados y 38.000 desaparecidos”. Escalofriante, a pesar
de que la memoria de la sociedad consumista –en Guatemala y
más allá– se desvanezca en lo confuso y vertiginoso de lo
cotidiano: plagado de más y más violencia.
“En el período de la posguerra –asegura CERIGUA– ha habido
en el país 64.214 asesinados” y en tal estado de situación,
que hace de contexto histórico al día a día, el periodismo,
en términos generales, “ha optado por la autocensura”. El
marco socio económico al que alude CERIGUA describe el
crecimiento de la pobreza, la indigencia, la violencia
generalizada, el accionar del crimen organizado y la
impunidad. Algo que, como sabemos, se ha regado por
distintos países de la región y del mundo.
La mitad de los niños del país, destaca el informe, están
desnutridos; al mismo tiempo que una de las más altas tasas
de mortalidad maternal sobresale entre los países de América
Latina. Ante esto, y lo antes señalado, la impunidad. Y, por
lo tanto, protestas y denuncias encuentran su medida: un
Estado que “criminaliza las luchas”. Y un periodismo,
amenazado de muerte, que para preservar vidas –y no engrosar
las listas de la matanza– se autocensura. Justificadamente.
Como muy bien lo resalta CERIGUA: “… ninguna noticia o
primicia vale la vida y seguridad de un periodista o de su
familia”.
El informe de referencia alerta acerca de que la violencia
ha avanzado a un punto de confundirse con los datos de
muertes y desgarro social de los tiempos del “conflicto
armado”. Y demuestra que en el país “son asesinados por día
entre 14 y 16 personas”.
En lo inherente a la labor de los trabajadores de la prensa,
CERIGUA –como siempre lo ha señalado nuestra colega Ileana
Alamilla, directora general del Centro de Reportes, aboga
por “la unidad del gremio, para afrontar los riesgos y
reducir el peligro”.
En su constante labor al servicio de la libertad de
expresión, el respeto a las minorías y la defensa de la vida,
CERIGUA ha editado “La Cartilla y Guía Práctica para
periodistas y medios de comunicación”; “El Manual de
Mecanismos de Protección” y “El Protocolo para la protección
del Periodista”. En todos ellos convoca a asumir normas
mínimas de seguridad; a exigir se respeten los derechos
contenidos en las leyes nacionales e internacionales y a
privilegiar la vida, no únicamente ante la mentira
organizada, sino, también, ante la muerte programada.
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