México
GRANADOS CHAPA
Salvador del Río
felap.info, México, D.F.
jueves, 20 de olctubre de 2011
Desaparecido la tarde del domingo pasado, Miguel Ángel
Granados Chapa era, desde hace varios años, uno de los
columnistas más leídos y escuchados en la prensa mexicana e
internacional. Objeto de reconocimientos profesionales y
académicos como pocos comunicadores han alcanzado, su estilo
sobrio y su excepcional buen decir lo situaron en el lugar
correspondiente a los grandes exponentes en la historia del
periodismo del país.
Más allá de homenajes que en vida recibió por su trayectoria
y de la huella que deja en las generaciones de informadores
y articulistas, Miguel Ángel Granados Chapa se forjó, junto
con su formación universitaria, en las filas de quienes a
diario bregan en el fragor de las redacciones, en la
búsqueda cotidiana de la noticia, un camino que lo llevó a
esas grandes alturas. Con una diferencia fundamental: el
haber dado a la noticia, al artículo, al comentario, la
profundidad surgida de la conciencia de la misión primordial
del periodista, el interés por el bien de la sociedad,
muchas veces olvidada en la banalidad del supuesto análisis
que por superfluo se detiene en el cotilleo y el rumor
infundado.
Granados Chapa dio en varias ocasiones testimonio de sus
orígenes en ese trabajo intenso entre el vocerío de la
redacción, al lado y bajo las órdenes de un personaje al que
admiró y que fue para él ejemplo nunca olvidado de
periodista íntegro: Manuel Buendía, asesinado el 30 de mayo
de 1984 cuando desde reportero de diarios y revistas, había
llegado a ser director, comentarista político y por muchos
años el columnista más leído en las páginas del diarismo
mexicano.
La Fundación Manuel Buendía, presidida por Francisco
Martínez de la Vega e integrada por un puñado de periodistas
destacados, publicó en ese mismo año de 1984 un libro de
homenaje al columnista desaparecido: Los días de Manuel
Buendía, en el que aparecieron colaboraciones de muchos de
quienes fuimos sus amigos y compañeros, entre ellos Miguel
Ángel Granados Chapa, cuyo testimonio del respeto que toda
la vida tuvo por su antiguo director en el semanario Crucero
es a la vez un documento de sus comienzos en la profesión.
Refiere ahí la forma en que Buendía, en busca de reporteros
para Crucero, decidió contratarlo en 1964 por recomendación
de uno de sus profesores en la carrera de periodismo de la
Universidad Autónoma de México y luego de una severa prueba
de redacción. Y al final de su colaboración en el libro,
Granados Chapa describe un pasaje de esos inicios en el
periodismo relacionados con sus convicciones políticas.
Escribe:
“Una noche de marzo de 1965 lo llamé para anunciarle que
tenía una exclusiva: la información sobre la golpiza que
acababa de propinarme la gente del MURO (movimiento de la
ultraderecha entre estudiantes y profesores en la UNAM).
Desde agosto anterior, don Manuel y yo nos habíamos
interesado en averiguar sobre las agrupaciones secretas que,
escondidas tras de organismos de fachada como aquél,
constituían gérmenes de un fascismo con cara religiosa
contra la cual Manuel lucharía toda su vida. Bajo sus
órdenes y siempre de acuerdo con él, escribí varios
reportajes sobre la materia… Esa noche me secuestraron en
Ciudad Universitaria y en los cerros de Contreras fui
flagelado. Buendía estaba ya en su casa y se trasladó a la
mía para ocuparse de mi salud. Al día siguiente solicitó una
investigación y consiguió que su a migo Fernando Merino
fuera puesto a cargo, en la policía judicial del D.F., de
las pesquisas… que no condujeron a nada porque había riesgo
de que condujeran a mucho”.
Comprometido siempre con las mejores causas, las de la
justicia a los marginados, en contra de lacras como la
corrupción, las maquinaciones políticas a favor de los
grandes intereses, Granados Chapa fue también un periodista
de dimensión internacional; coincidente con causas como las
de la Federación Latinoamericana de Periodistas por su
cercanía y sus similitudes con dirigentes de la organización
como Luis Suárez y otros no menos destacados en la defensa
del periodismo, trascendió el papel de un mero informador o
comentarista superficial del diario acontecer de México y el
resto del mundo para situarse en el lugar que le
correspondió como uno de los cronistas y críticos más
trascendentales en el mundo de la actualidad.
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